UN MOMENTO CON DIOS
El verdadero arrepentimiento
Esdras 10
Tras descubrir que el pueblo y sus líderes habían adoptado las prácticas paganas de las naciones vecinas, Esdras se postra a llorar y a confesar el pecado colectivo. Lo hermoso y desafiante de este pasaje es que su dolor personal provoca un despertar espiritual en toda la comunidad: el pueblo se reúne, llora amargamente y decide actuar.
Este pasaje nos confronta con
la anatomía de un verdadero arrepentimiento, el cual va mucho más allá de un
simple remordimiento pasajero. Podemos aprender tres verdades fundamentales
sobre la confesión en este capítulo:
La vulnerabilidad de la
intercesión: Esdras no fue el que pecó, pero se incluyó en la culpa del pueblo.
Lloró y se postró ante la casa de Dios. A veces miramos el pecado a nuestro
alrededor con juicio o indiferencia; Esdras nos enseña a mirarlo con dolor y
compasión, recordándonos la importancia de interceder por nuestras familias,
iglesias y naciones.
La confesión debe ser
específica y honesta: En el versículo 11, Esdras le dice al pueblo: "Dad
gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad". Confesar el
pecado es darle la razón a Dios. Significa llamar a las cosas por su nombre,
sin justificaciones, sin culpar a las circunstancias y asumiendo la total
responsabilidad de nuestros actos.
El arrepentimiento exige
restitución: La confesión que transforma es la que produce cambios visibles. El
pueblo de Israel no solo lloró; tomó la dolorosa decisión de romper con los
compromisos que los alejaban de Dios. El llanto sin cambio de dirección es solo
emoción. El verdadero arrepentimiento siempre camina hacia la obediencia,
aunque el costo sea alto.
Hoy en día, es fácil tomar el
pecado a la ligera o esconderlo bajo la alfombra de la rutina. Sin embargo,
Esdras 10 nos recuerda que la santidad importa. La buena noticia es que no nos
confesamos ante un juez implacable, sino ante un Padre que corre a nuestro
encuentro cuando nos humillamos.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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