UN MOMENTO CON DIOS
Dios transforma personas
Nehemías 7
Después de cincuenta y dos días de fatiga, lágrimas, amenazas y un trabajo extenuante, el muro finalmente se ha terminado. Las brechas están cerradas. Sin embargo, Nehemías nos enseña una verdad crucial: la meta de Dios nunca es solo construir estructuras, sino transformar a las personas.
El muro físico estaba en pie,
pero el versículo 4 nos revela una realidad desoladora: "La ciudad era
espaciosa y grande, pero había poca gente dentro de ella, y no había casas
reedificadas". Jerusalén tenía protección, pero le faltaba vida; tenía
paredes, pero le faltaba comunidad.
Ante este panorama, Nehemías
no se relaja ni se da por satisfecho. El éxito no lo vuelve descuidado. De su
liderazgo en este capítulo podemos extraer tres principios vitales para nuestra
vida espiritual:
Lo primero que hace Nehemías
es colocar las puertas, nombrar a los porteros, a los cantores y a los levitas.
No sirve de nada conquistar una bendición si no sabemos custodiarla. Los cantores
y levitas nos recuerdan que la mayor protección de una vida no son los muros de
piedra, sino una atmósfera continua de adoración y fidelidad a Dios.
Nehemías nombra a gobernadores
basados en su carácter, no en su estatus. De Hananías dice que "era varón
de verdad y temeroso de Dios, más que muchos" (v. 2). Tus victorias
espirituales necesitan ser cuidadas por hábitos e influencias que teman a Dios.
Cida a quién le abres las puertas de tu corazón.
Dios pone en el corazón de
Nehemías reunir al pueblo para registrar su genealogía. Era necesario que
recordaran quiénes eran y de dónde venían para poder habitar la promesa. En el
éxito, es vital volver a nuestras raíces y recordar que todo lo que tenemos es
por pura gracia divina.
Terminar la muralla fue un gran
logro, pero el verdadero desafío empezaba ahí: llenar ese espacio con la
presencia de Dios y una comunidad santa. Cuando Dios termine una obra en nuestra
vida, no nos quedemos de brazos cruzados contemplando las paredes. Adoremos,
vigilemos nuestro corazón y permitamos que Él llene nuestra vida interior.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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