miércoles, 27 de mayo de 2026

Un momento... Dios peleará por nosotros

 


UN MOMENTO CON DIOS

Dios peleará por nosotros

 

Nehemías 4. 20

 

Una de las tensiones más comunes de la vida de fe: toda gran obra de Dios despierta oposición. Al comenzar la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, Nehemías y el pueblo no encontraron aplausos, sino las burlas y amenazas de Sanbalat y Tobías. El enemigo odia el progreso espiritual y siempre intentará detenerlo usando el desánimo, la burla o el miedo.

Ante los ataques, la respuesta de Nehemías nos regala una estrategia maestra para enfrentar los momentos en que todo parece ponerse en nuestra contra.

En primer lugar, Nehemías recurrió a la oración inmediata. No gastó energía discutiendo con sus críticos ni intentando defenderse solo; llevó todo directamente ante el tribunal de Dios. En vez de alimentar el conflicto humano, reconoció que su verdadera fortaleza venía del cielo. Cuando la crítica o la dificultad te asedien, que tu primera reacción sea hablar con el Padre antes que reaccionar con rabia.

En segundo lugar, el pueblo demostró un enfoque inquebrantable. El versículo 6 dice una frase preciosa: "Edificamos, pues, el muro... porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar".

La mejor respuesta a la oposición es mantener las manos en la obra. Si nos detenemos a escuchar cada piedra que nos lanzan, nunca terminaremos el muro que Dios nos mandó a levantar.

Por último, Nehemías implementó la vigilancia activa. Organizó al pueblo para que trabajaran con una mano en la herramienta y la otra en la espada. No descuidaron la fe ni tampoco la acción práctica.

"Nuestro Dios peleará por nosotros" (v. 20), les recordaba Nehemías, pero al mismo tiempo mantenían las guardias día y noche.

Este capítulo nos desafía a evaluar cómo reaccionamos cuando los planes se complican, cuando la fatiga acecha o cuando personas a nuestro alrededor intentan hacernos dudar. La oposición no es una señal de que estamos en el camino equivocado; muchas veces, es la prueba de que estamos haciendo exactamente lo que Dios nos pidió. Mantengamos nuestra espada (la Palabra) a mano, nuestra mirada en el Señor y no bajemos del muro.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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