TIEMPO
DE REFLEXIÓN
“Ellos
dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16. 31
Cuando
escuchamos el evangelio de Dios, no estamos escuchando un llamado a practicar
un acto religioso, sino un llamado al arrepentimiento, con una profunda
diferencia: no es en nosotros mismos que tenemos la capacidad de dejar el
pecado o quitarlo de nosotros, sino que la confianza en lo que hizo Cristo en
la cruz nos llevará a una verdadera transformación.
Dios
es el que nos provee la cura para la enfermedad del pecado, que es la más
mortal de todas, por la fe en su hijo Jesús.
Así
que todos aquellos que compartimos con amor este mensaje, no estamos invitando
a repetir una oración sin sentido, sino que invitamos al arrepentimiento, a
renunciar al pecado a través del poder transformador de la fe en Jesucristo.
Cuando hablamos de “invitar a Jesús al corazón” no se trata de una práctica religiosa, sino que como embajadores de Cristo, estamos rogando para que el que no cree se reconcilie con Dios. (2 Corintios 5.20).
Cuando hablamos de “invitar a Jesús al corazón” no se trata de una práctica religiosa, sino que como embajadores de Cristo, estamos rogando para que el que no cree se reconcilie con Dios. (2 Corintios 5.20).
El
arrepentimiento implica un cambio, un darnos cuenta que lo que hacíamos estaba
mal y conscientemente decir dejar eso, pedir perdón a Dios y dejarnos guiar por
Él para que nuestra vida cambie de rumbo.
Empezar
a vivir una nueva vida de la mano de Dios de acuerdo a Su voluntad.
El evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1.16), es el brazo de Dios extendido para sacar tu vida de la muerte eterna.
El evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1.16), es el brazo de Dios extendido para sacar tu vida de la muerte eterna.
Así
que hoy aférrate a este mensaje: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo,
tú y tu casa”.
Dios
les bendiga abundantemente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario