UN MOMENTO CON DIOS
Libertad con propósito y
responsabilidad
"Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la juventud y la aurora son vanidad." (Eclesiastés 11. 9 – 10)
Estos versículos presentan una
de las tensiones más desafiantes de la sabiduría bíblica: la invitación a
disfrutar plenamente de la vida combinada con el llamado a la responsabilidad
moral. El Predicador no adopta una postura prohibitiva. Al contrario, comienza
con un imperativo liberador: "Alégrate". La juventud, con su energía
y pasión, es un diseño divino destinado a ser gozado. Se anima al joven a
seguir los anhelos de su corazón, validando el entusiasmo propio de esta etapa
de la vida.
Sin embargo, esta libertad no
es un cheque en blanco para el libertinaje. Inmediatamente después, el
predicador introduce un principio regulador crucial: "pero sabe, que sobre
todas estas cosas te juzgará Dios". Este recordatorio no busca infundir un
temor paralizante, sino otorgar una perspectiva de madurez. Nos enseña que cada
decisión, por pequeña que parezca, tiene un eco eterno. La verdadera libertad
no consiste en vivir sin límites, sino en la capacidad de gobernarse a uno
mismo bajo la conciencia de que somos responsables ante nuestro Creador.
El versículo 10 aterriza esta
teología en consejos prácticos. El autor insta a eliminar dos grandes
saboteadores: el "enojo" (la amargura en el alma) y el
"mal" de la carne (las acciones autodestructivas). La justificación
para vivir con este cuidado es realista y urgente: "porque la juventud y
la aurora son vanidad". La juventud pasa tan rápido como la neblina de la
mañana. Su carácter efímero exige que no la desperdiciemos acumulando
remordimientos, sino que la consagremos a lo que realmente permanece.
Vivir con alegría consciente, la
sabiduría no está reñida con el disfrute de la vida, la amistad o el descanso.
Gocemos de las bendiciones de cada etapa de la vida, pero hagámoslo de tal
manera que, si fuéramos llamado a rendir cuentas hoy mismo, podamos
presentárselas a Dios con la conciencia limpia.
No permitamos que la amargura eche
raíces en nuestro interior ni que los deseos impulsivos dañen nuestro cuerpo y nuestra
reputación. Protejamos nuestra mente y nuestra salud. Recordemos que las
decisiones que tomamos en la "aurora" de nuestra vida determinarán la
paz con la que viviremos el atardecer de nuestros años.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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