UN MOMENTO CON DIOS
La trampa de la nostalgia
idealizada
"Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría." (Eclesiastés 7. 10)
La tendencia a mirar hacia
atrás y añorar con melancolía el pasado es una constante en la psicología
humana. Con frecuencia nos descubrimos diciendo o pensando que la juventud de
antes era más respetuosa, que la economía de hace años era más estable, o que
las relaciones de épocas anteriores eran más genuinas. Sin embargo, en este
pasaje, el predicador corta de raíz esa inclinación romántica, catalogándola
abiertamente como una falta de sabiduría.
¿Por qué es insensato
idealizar el ayer? En primer lugar, porque la memoria humana es selectiva y
tiende a aplicar un filtro de engañosa benevolencia al pasado. Recordamos las
victorias, la seguridad y los buenos momentos, pero borramos convenientemente
los dolores, las crisis, las ansiedades y las limitaciones que también formaban
parte de aquellos días. Ninguna época en la historia de la humanidad, después
de la caída, ha sido perfecta. Afirmar que el pasado fue categóricamente mejor
es edificar sobre un mito, una ilusión que distorsiona la realidad histórica.
En segundo lugar, añorar con
exceso los tiempos idos revela un profundo descontento con el presente y una
desconfianza implícita hacia la providencia divina. Al estancarnos en el
"aquello fue", nos incapacitamos para ver las bendiciones, las oportunidades
y los propósitos que se desenvuelven en el "aquí y ahora".
Dios no es el Dios de una sola
época dorada; Su soberanía, Su gracia y Su fidelidad están tan vigentes hoy
como lo estuvieron hace décadas. La queja constante sobre la decadencia del
presente nubla nuestra visión y nos impide actuar con relevancia en la
generación que nos ha tocado vivir.
Desmantelar la melancolía
paralizante, reconocer cuándo la nostalgia deja de ser un grato recuerdo y se
convierte en un refugio para evadir las responsabilidades actuales.
Si pasamos más tiempo añorando
cómo eran las cosas antes, en nuestra vida personal, familiar o laboral, que,
construyendo en el presente, estamos desperdiciando el único tiempo real sobre
el cual tenemos influencia. Aceptemos que los cambios son parte de los ciclos
de la vida bajo el sol.
Cultivemos la gratitud en el
presente. La sabiduría consiste en encontrar la mano de Dios en las
circunstancias actuales, por difíciles que parezcan. En lugar de comparar este
día con un pasado idealizado, preguntémonos: ¿Qué lecciones puedo aprender hoy?
¿Cómo puedo ser útil y sabio en este escenario específico? Vivamos con la
certeza de que nuestro mejor momento espiritual y de crecimiento no se quedó
atrapado en el ayer, sino que se edifica con nuestras decisiones de fidelidad
hoy.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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