jueves, 16 de julio de 2026

Un momento... Dos caminos, una mirada de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Dos caminos, una mirada de Dios

 

"Abominación es a Jehová el camino del impío; más él ama al que sigue justicia." (Proverbios 15. 9)

 

Este versículo funciona como un lente que divide la experiencia humana en dos realidades espirituales drásticamente opuestas. No nos habla de opiniones humanas ni de filosofías de vida, sino del impacto directo que nuestras decisiones tienen en el corazón de Dios. El pasaje utiliza un contraste absoluto, por un lado, la abominación (un rechazo o repulsión profunda); por el otro, el amor íntimo y protector.

Lo fascinante de este proverbio es el uso de las palabras dinámicas. No dice que Dios aborrece "al impío" en un sentido estático, sino que aborrece su camino. El "camino" representa un estilo de vida, una dirección continua, un mapa diario trazado por la autosuficiencia, el egoísmo y el desprecio a lo sagrado. Es una senda que se aleja voluntariamente de la luz.

En contraposición, la recompensa no es para el que ya es perfecto, sino para el que sigue justicia. Prestemos atención al verbo: seguir. En el idioma original, esta palabra evoca la idea de perseguir algo con empeño, correr tras ello, buscarlo con intensidad como quien persigue una meta preciosa. Dios no exige que hayamos llegado a la cumbre de la perfección hoy; lo que Él ama con ternura es la dirección de nuestro corazón y el esfuerzo diario por alinearnos con su voluntad.

En la rutina diaria, es fácil evaluar nuestro día basándonos en la productividad, el dinero o el bienestar físico. Sin embargo, Proverbios 15. 9 nos invita a hacernos una pregunta mucho más profunda al terminar el día: ¿Hacia dónde estuvo orientado mi camino?

Seguir la justicia en el siglo XXI se traduce en decisiones muy prácticas:

Elegir la honestidad en los negocios, incluso cuando mentir nos daría una ventaja económica.

Tratar con dignidad y misericordia a quienes nos rodean, venciendo el orgullo.

Buscar la verdad y la pureza en un entorno que celebra lo contrario.

Cuando tropecemos, porque todos tropezamos, recordemos que la mirada de Dios sobre cada uno de nosotros no es de condenación si nuestro norte sigue siendo Él. Él ama al que se levanta, sacude el polvo y vuelve a correr tras la justicia. Nuestra dirección determina nuestro destino, y un corazón que persigue lo correcto siempre contará con el respaldo y el amor incondicional del Padre.

Dios les bendiga abundantemente.

 

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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