UN MOMENTO CON DIOS
Dos caminos, una mirada de
Dios
"Abominación es a Jehová el camino del impío; más él ama al que sigue justicia." (Proverbios 15. 9)
Este versículo funciona como
un lente que divide la experiencia humana en dos realidades espirituales
drásticamente opuestas. No nos habla de opiniones humanas ni de filosofías de
vida, sino del impacto directo que nuestras decisiones tienen en el corazón de
Dios. El pasaje utiliza un contraste absoluto, por un lado, la abominación (un
rechazo o repulsión profunda); por el otro, el amor íntimo y protector.
Lo fascinante de este
proverbio es el uso de las palabras dinámicas. No dice que Dios aborrece
"al impío" en un sentido estático, sino que aborrece su camino. El
"camino" representa un estilo de vida, una dirección continua, un
mapa diario trazado por la autosuficiencia, el egoísmo y el desprecio a lo
sagrado. Es una senda que se aleja voluntariamente de la luz.
En contraposición, la
recompensa no es para el que ya es perfecto, sino para el que sigue justicia.
Prestemos atención al verbo: seguir. En el idioma original, esta palabra evoca
la idea de perseguir algo con empeño, correr tras ello, buscarlo con intensidad
como quien persigue una meta preciosa. Dios no exige que hayamos llegado a la cumbre
de la perfección hoy; lo que Él ama con ternura es la dirección de nuestro
corazón y el esfuerzo diario por alinearnos con su voluntad.
En la rutina diaria, es fácil
evaluar nuestro día basándonos en la productividad, el dinero o el bienestar
físico. Sin embargo, Proverbios 15. 9 nos invita a hacernos una pregunta mucho
más profunda al terminar el día: ¿Hacia dónde estuvo orientado mi camino?
Seguir la justicia en el siglo
XXI se traduce en decisiones muy prácticas:
Elegir la honestidad en los
negocios, incluso cuando mentir nos daría una ventaja económica.
Tratar con dignidad y
misericordia a quienes nos rodean, venciendo el orgullo.
Buscar la verdad y la pureza
en un entorno que celebra lo contrario.
Cuando tropecemos, porque
todos tropezamos, recordemos que la mirada de Dios sobre cada uno de nosotros
no es de condenación si nuestro norte sigue siendo Él. Él ama al que se
levanta, sacude el polvo y vuelve a correr tras la justicia. Nuestra dirección
determina nuestro destino, y un corazón que persigue lo correcto siempre
contará con el respaldo y el amor incondicional del Padre.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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