UN MOMENTO CON DIOS
El Mapa de la Verdadera
Felicidad
«Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos». (Salmo 119. 1 – 4)
El Salmo 119 es el mensaje
poético más grande de las Escrituras dedicado a la Palabra de Dios, y sus
primeros cuatro versículos actúan como el portal de entrada a todo este tesoro.
El autor no pierde tiempo y comienza apuntando directamente al anhelo más
profundo del ser humano: la felicidad. La palabra «Bienaventurados» (que se
repite como un eco en los versículos 1 y 2) significa literalmente dichoso,
feliz, plenamente afortunado.
Sin embargo, el concepto de
felicidad del salmista rompe por completo con los esquemas del mundo. Para
nuestra sociedad, la dicha suele estar asociada a la ausencia de problemas, al
éxito financiero o a la satisfacción de los deseos inmediatos. Para el
salmista, la verdadera felicidad es el resultado de una dirección y una postura
del alma: pertenece a los que «andan en la ley de Jehová» y a los que le buscan
«con todo el corazón». No es una felicidad estática, es un camino dinámico; es
el gozo profundo e inquebrantable de saber que nuestra vida está alineada con
el diseño de nuestro Creador.
La integridad es un proceso
diario: Cuando el texto habla de los «perfectos de camino», no exige una
perfección moral inalcanzable, sino una intención pura, una vida sincera y
transparente que avanza en una dirección correcta. Se trata de dar pasos
diarios guiados por la verdad de Dios.
El peligro de la mediocridad
espiritual: El versículo 2 nos desafía a buscar a Dios «con todo el corazón».
La Palabra no es un manual de reglas que se cumple por mera rutina o por
compromiso legalista; es el mapa para encontrarnos con una Persona. Buscar a
Dios a medias produce frustración; buscarlo por entero produce plenitud.
El estándar divino: El
versículo 4 nos recuerda que los mandamientos no son sugerencias opcionales ni
consejos de autoayuda. El Señor «encargó que sean muy guardados». Dios, en su
soberanía y amor, nos ha dado límites claros a través de su Palabra no para
restringir nuestra libertad, sino para protegernos de la destrucción de la
iniquidad.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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