UN MOMENTO CON DIOS
El Dios que Inclina su Oído
"Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días." (Salmo 116. 1 – 2)
El Salmo 116 comienza con una
declaración directa, sin rodeos ni adornos: "Amo a Jehová". Es un
testimonio que nace de la experiencia personal, no de la teoría. El salmista no
ama a Dios por obligación religiosa, sino como respuesta voluntaria a una
acción de rescate. Dios intervino en su momento de crisis, escuchó sus súplicas
y lo libró de la angustia.
Lo hermoso de este pasaje es
la imagen que utiliza: Dios "ha inclinado a mí su oído". Imagina a un
padre que se agacha y acerca su oído a la boca de su hijo pequeño para captar
su susurro, su llanto o su dolor. El Creador del universo, el Dios soberano que
sostiene las galaxias, hace exactamente eso con nosotros. No es un Dios
distante o apático; se agacha, se detiene y nos presta toda su atención cuando
clamamos.
Nuestra oración es un diálogo
real: El hecho de que Dios escuche no es un formalismo. Él procesa nuestras
lágrimas, entiende nuestros silencios y atiende a nuestras necesidades. Saberse
escuchado es el consuelo más grande en medio de la prueba.
La gratitud genera un
compromiso: El salmista concluye con una resolución lógica: "por tanto, le
invocaré en todos mis días". Haber experimentado la fidelidad de Dios en
el pasado se convierte en el motor de nuestra fe para el futuro. Si Él me
escuchó ayer, tengo la total confianza de que me escuchará hoy y mañana. La
oración deja de ser un recurso de emergencia y se transforma en un estilo de
vida.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario