UN MOMENTO CON DIOS
El Diseño de la Sabiduría
"¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios." (Salmo 104. 24)
El Salmo 104 es un poema
monumental dedicado a la creación. Sin embargo, el versículo 24 funciona como
el corazón del salmo, un suspiro de asombro donde el salmista se detiene, mira
a su alrededor y queda maravillado ante la magnitud de lo que ve. No solo
admira la cantidad de las obras divinas ("innumerables"), sino la
calidad de su diseño: "Hiciste todas ellas con sabiduría".
En el universo de Dios no hay
accidentes. Desde las galaxias más lejanas hasta el ecosistema más
microscópico, todo opera con una precisión matemática y un propósito perfecto.
La naturaleza no es el resultado del caos; es el lienzo de una mente brillante.
Cada ciclo del agua, cada estación del año y cada latido del corazón humano
testifican que el Creador es un estratega maestro.
Lo más hermoso de este
versículo es su conclusión: "la tierra está llena de tus beneficios".
La sabiduría de Dios no es fría ni meramente intelectual; es una sabiduría
generosa. Dios diseñó el mundo para que estuviera lleno de sus bondades,
asegurándose de que la creación proveyera sustento, belleza y refugio para todas
sus criaturas.
Si Dios puso tanta sabiduría y
detalle en los lirios del campo, en las aves del cielo y en el orden del
cosmos, ¿cuánto más cuidado habrá puesto al diseñar nuestra vida? Nuestros
días, nuestros talentos, e incluso las estaciones difíciles por las que
pasamos, están bajo la supervisión de esa misma sabiduría perfecta.
En un mundo acelerado,
perdemos la capacidad de asombro. Hoy, tomemos dos minutos para mirar un árbol,
el cielo o nuestra propia respiración, y reconozcamos la firma de Dios en ello.
Si sentimos que nuestra vida
actual es caótica, recordemos que el Dios que ordenó el cosmos tiene el poder y
la sabiduría para ordenar nuestras circunstancias. No estamos a la deriva;
estamos en las manos del Maestro.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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