UN MOMENTO CON DIOS
Un Corazón Firme
"Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré salmos esta es mi gloria." (Salmo 108. 1)
El Salmo 108 comienza con una
declaración de victoria, pero lo que la hace extraordinaria es el contexto en
el que nació. Este poema fue compuesto por el rey David uniendo fragmentos de
otros dos salmos (el 57 y el 60), los cuales fueron escritos en momentos de
profunda angustia: cuando huía de Saúl en una cueva y cuando la nación
enfrentaba duras batallas militares. Por lo tanto, cuando David dice: "Mi
corazón está dispuesto" (o "Mi corazón está firme", según otras
traducciones), no lo está diciendo desde una hamaca de comodidad, sino desde el
campo de batalla.
Tener un corazón
"dispuesto" o "firme" significa tomar una decisión de
antemano. Significa que nuestra confianza en Dios no depende del clima
emocional, de la economía, ni de si las respuestas a nuestras oraciones han
llegado todavía. Es establecer un ancla espiritual. David decidió que, sin
importar lo que el día trajera, su alma ya tenía una postura fija: alabar a
Dios.
El versículo continúa
diciendo: "cantaré y entonaré salmos". La alabanza es el fruto
natural de un corazón que ha decidido confiar. Cuando adoramos en medio de la
dificultad, le recordamos a nuestras circunstancias el tamaño de nuestro Dios.
La última frase, "esta es mi gloria" (que en el hebreo original se
refiere también al alma o al honor del hombre), nos enseña que el mayor honor y
el propósito más alto del ser humano es usar todo su ser para glorificar al
Creador. Nuestra voz, nuestra mente y nuestras emociones encuentran su
verdadera dignidad cuando se rinden en adoración.
No esperemos a ver cómo se
desarrolla nuestro día para decidir si tendremos una buena actitud. Despertemos
declarando: "Mi corazón está firme, Dios; hoy voy a confiar en ti".
Cuando la preocupación intente
desestabilizarnos, interrumpámosla con un canto o una oración de
agradecimiento. Un corazón dispuesto desarmar las trampas de la ansiedad.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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