domingo, 5 de julio de 2026

Un momento... Al amparo del Rey Victorioso

 


UN MOMENTO CON DIOS

Al Amparo del Rey Victorioso

 

 

"Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud." (Salmo 110. 1 – 3)

 

El Salmo 110 es el pasaje del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo Testamento, y por una buena razón: es una proclamación profética de la autoridad absoluta de Jesús, el Mesías. Comienza con una escena celestial majestuosa donde el Padre le otorga el lugar de máximo honor y poder al Hijo: "Siéntate a mi diestra".

A menudo vivimos abrumados por los "enemigos" cotidianos: la ansiedad, los problemas financieros, la incertidumbre o los conflictos relacionales. Nos desgastamos peleando batallas en nuestras propias fuerzas. Sin embargo, el versículo 1 nos regala un cambio de perspectiva refrescante. Dios ya ha decretado el resultado final, cada uno de esos enemigos terminará siendo el "estrado de sus pies", una expresión antigua que denota sumisión absoluta. Jesús no está luchando por la victoria; Él ya está sentado, descansando en ella.

El versículo 2 añade que su poder se manifiesta "en medio de tus enemigos". Dios no siempre hace desaparecer los problemas de inmediato; a veces nos permite gobernar sobre nuestras emociones, mantener la paz y dar testimonio de su amor precisamente mientras atravesamos la tormenta. Finalmente, el versículo 3 nos describe a nosotros, su pueblo, no como soldados obligados o atemorizados, sino como personas que se ofrecen "voluntariamente" y con "hermosura de santidad". Cuando comprendemos la grandeza de nuestro Rey, servirle deja de ser una carga y se convierte en un deleite diario.

Si Jesús ya venció, nosotros no tenemos que vivir a la defensiva. Cuando sintamos que los problemas nos cercan, recordemos que nuestro Rey está sentado en el trono, y nosotros estamos seguros bajo Su gobierno.

Que nuestro servicio a Dios, ya sea en nuestro trabajo, con nuestra familia o en nuestra comunidad, no sea por obligación. Presentémonos voluntariamente, reflejando la belleza de un corazón transformado.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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