UN MOMENTO CON DIOS
Al Amparo del Rey Victorioso
"Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud." (Salmo 110. 1 – 3)
El Salmo 110 es el pasaje del
Antiguo Testamento más citado en el Nuevo Testamento, y por una buena razón: es
una proclamación profética de la autoridad absoluta de Jesús, el Mesías.
Comienza con una escena celestial majestuosa donde el Padre le otorga el lugar
de máximo honor y poder al Hijo: "Siéntate a mi diestra".
A menudo vivimos abrumados por
los "enemigos" cotidianos: la ansiedad, los problemas financieros, la
incertidumbre o los conflictos relacionales. Nos desgastamos peleando batallas
en nuestras propias fuerzas. Sin embargo, el versículo 1 nos regala un cambio
de perspectiva refrescante. Dios ya ha decretado el resultado final, cada uno
de esos enemigos terminará siendo el "estrado de sus pies", una
expresión antigua que denota sumisión absoluta. Jesús no está luchando por la
victoria; Él ya está sentado, descansando en ella.
El versículo 2 añade que su
poder se manifiesta "en medio de tus enemigos". Dios no siempre hace
desaparecer los problemas de inmediato; a veces nos permite gobernar sobre
nuestras emociones, mantener la paz y dar testimonio de su amor precisamente
mientras atravesamos la tormenta. Finalmente, el versículo 3 nos describe a
nosotros, su pueblo, no como soldados obligados o atemorizados, sino como
personas que se ofrecen "voluntariamente" y con "hermosura de
santidad". Cuando comprendemos la grandeza de nuestro Rey, servirle deja
de ser una carga y se convierte en un deleite diario.
Si Jesús ya venció, nosotros
no tenemos que vivir a la defensiva. Cuando sintamos que los problemas nos
cercan, recordemos que nuestro Rey está sentado en el trono, y nosotros estamos
seguros bajo Su gobierno.
Que nuestro servicio a Dios,
ya sea en nuestro trabajo, con nuestra familia o en nuestra comunidad, no sea
por obligación. Presentémonos voluntariamente, reflejando la belleza de un
corazón transformado.
Dios
les bendiga abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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