UN MOMENTO CON DIOS
La Firmeza de los que Confían
«Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre». (Salmo 125.1 – 2)
El Salmo 125 forma parte de
los "Cánticos Graduales", los himnos que los peregrinos hebreos
entonaban mientras subían las colinas hacia la ciudad de Jerusalén. Al
acercarse a su destino, la geografía misma les servía como una parábola visual
de realidades espirituales. Al contemplar el imponente Monte Sion y la cadena
montañosa que envolvía la ciudad, el salmista se inspiró para describir la
seguridad absoluta de aquellos que deciden depositar su fe en el Señor.
El mundo en el que vivimos
cambia a una velocidad vertiginosa. Las economías fluctúan, las relaciones a
veces se quiebran, la salud puede fallar y las crisis globales siembran
incertidumbre. Si nuestra seguridad depende de las circunstancias, viviremos en
una constante montaña rusa emocional. Sin embargo, el versículo 1 establece una
ley espiritual: la confianza en Dios nos otorga la estabilidad del Monte Sion.
No dice que los que confían en Dios no enfrentarán tormentas, terremotos o
vientos fuertes; dice que, a pesar de los embates, «no se mueven, sino que
permanecen para siempre». Hay una solidez interna que el dolor del mundo no
puede destruir.
La fe te ancla en la tormenta:
La estabilidad no proviene de nuestras propias fuerzas, de nuestro intelecto o
de nuestra capacidad de control, sino del objeto de nuestra confianza. Confiar
en Dios significa saber que, aunque todo a nuestro alrededor tiemble, nuestro
fundamento está arraigado en la Roca de la Eternidad.
La protección divina es una
fortaleza: En la antigüedad, los montes que rodeaban a Jerusalén actuaban como
un escudo natural contra los ejércitos invasores. El versículo 2 nos regala una
promesa asombrosa: Dios mismo es ese cinturón de montañas para nuestra vida. Él
nos envuelve por completo. No estamos expuesto a los ataques del enemigo ni a
los golpes de la vida sin protección; el Señor está a nuestro alrededor,
resguardando nuestra alma «desde ahora y para siempre».
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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