jueves, 9 de julio de 2026

Un momento... La firmeza de los que confían

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Firmeza de los que Confían

 

«Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre».  (Salmo 125.1 – 2)

 

El Salmo 125 forma parte de los "Cánticos Graduales", los himnos que los peregrinos hebreos entonaban mientras subían las colinas hacia la ciudad de Jerusalén. Al acercarse a su destino, la geografía misma les servía como una parábola visual de realidades espirituales. Al contemplar el imponente Monte Sion y la cadena montañosa que envolvía la ciudad, el salmista se inspiró para describir la seguridad absoluta de aquellos que deciden depositar su fe en el Señor.

El mundo en el que vivimos cambia a una velocidad vertiginosa. Las economías fluctúan, las relaciones a veces se quiebran, la salud puede fallar y las crisis globales siembran incertidumbre. Si nuestra seguridad depende de las circunstancias, viviremos en una constante montaña rusa emocional. Sin embargo, el versículo 1 establece una ley espiritual: la confianza en Dios nos otorga la estabilidad del Monte Sion. No dice que los que confían en Dios no enfrentarán tormentas, terremotos o vientos fuertes; dice que, a pesar de los embates, «no se mueven, sino que permanecen para siempre». Hay una solidez interna que el dolor del mundo no puede destruir.

La fe te ancla en la tormenta: La estabilidad no proviene de nuestras propias fuerzas, de nuestro intelecto o de nuestra capacidad de control, sino del objeto de nuestra confianza. Confiar en Dios significa saber que, aunque todo a nuestro alrededor tiemble, nuestro fundamento está arraigado en la Roca de la Eternidad.

La protección divina es una fortaleza: En la antigüedad, los montes que rodeaban a Jerusalén actuaban como un escudo natural contra los ejércitos invasores. El versículo 2 nos regala una promesa asombrosa: Dios mismo es ese cinturón de montañas para nuestra vida. Él nos envuelve por completo. No estamos expuesto a los ataques del enemigo ni a los golpes de la vida sin protección; el Señor está a nuestro alrededor, resguardando nuestra alma «desde ahora y para siempre».

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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