miércoles, 8 de julio de 2026

Un momento... Luz para cada paso

 




UN MOMENTO CON DIOS

Luz para cada paso

 

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios. Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra... Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a poner por obra tus estatutos de continuo, hasta el fin». (Salmo 119. 105 - 112)

 

El versículo 105 de este salmo es, sin duda, uno de los más conocidos de toda la Biblia: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». Sin embargo, para captar su verdadera riqueza, debemos imaginar las lámparas de la antigüedad. No eran potentes reflectores modernos que iluminaban kilómetros a la distancia; eran pequeñas vasijas de barro con una mecha de aceite que apenas alumbraban el siguiente paso para evitar tropezar con una piedra o caer en un pozo en la densa noche.

Dios no siempre nos revela el mapa completo de nuestra vida ni nos muestra qué pasará en los próximos cinco años. Él prefiere darnos la luz suficiente para el día de hoy, enseñándonos a depender de Él paso a paso. El salmista escribe esto en un momento de cruda realidad: confiesa estar «afligido en gran manera» (v. 107) y con la vida en constante peligro («Mi vida está de continuo en mi mano», v. 109). La Palabra de Dios no le evitó la tormenta, pero se convirtió en la guía indispensable para no perder el rumbo ni apartarse de la rectitud en medio de ella.

La Palabra sostiene en el sufrimiento: Cuando la aflicción aprieta, los consejos humanos y el positivismo vacío se quedan cortos. El autor no pide que cambien sus circunstancias de inmediato; pide ser vivificado conforme a la Palabra. La verdad de Dios tiene el poder de inyectar vida a un espíritu desgastado.

Un tesoro inquebrantable: El versículo 111 dice: «Por heredad he tomado tus testimonios». Las herencias terrenales se devalúan o se pierden, pero la revelación de Dios es un patrimonio eterno que produce un gozo interior que nada ni nadie nos puede arrebatar.

Una decisión firme: El camino de la fe requiere determinación. El salmista tomó la decisión consciente de inclinar su corazón a obedecer (v. 112). La obediencia no es una emoción pasajera; es un compromiso diario de fidelidad que se mantiene «hasta el fin», sin importar el tamaño de los obstáculos.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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