UN MOMENTO CON DIOS
Luz para cada paso
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios. Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra... Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a poner por obra tus estatutos de continuo, hasta el fin». (Salmo 119. 105 - 112)
El versículo 105 de este salmo
es, sin duda, uno de los más conocidos de toda la Biblia: «Lámpara es a mis
pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». Sin embargo, para captar su verdadera
riqueza, debemos imaginar las lámparas de la antigüedad. No eran potentes
reflectores modernos que iluminaban kilómetros a la distancia; eran pequeñas
vasijas de barro con una mecha de aceite que apenas alumbraban el siguiente
paso para evitar tropezar con una piedra o caer en un pozo en la densa noche.
Dios no siempre nos revela el
mapa completo de nuestra vida ni nos muestra qué pasará en los próximos cinco
años. Él prefiere darnos la luz suficiente para el día de hoy, enseñándonos a
depender de Él paso a paso. El salmista escribe esto en un momento de cruda
realidad: confiesa estar «afligido en gran manera» (v. 107) y con la vida en
constante peligro («Mi vida está de continuo en mi mano», v. 109). La Palabra
de Dios no le evitó la tormenta, pero se convirtió en la guía indispensable
para no perder el rumbo ni apartarse de la rectitud en medio de ella.
La Palabra sostiene en el
sufrimiento: Cuando la aflicción aprieta, los consejos humanos y el positivismo
vacío se quedan cortos. El autor no pide que cambien sus circunstancias de
inmediato; pide ser vivificado conforme a la Palabra. La verdad de Dios tiene
el poder de inyectar vida a un espíritu desgastado.
Un tesoro inquebrantable: El
versículo 111 dice: «Por heredad he tomado tus testimonios». Las herencias
terrenales se devalúan o se pierden, pero la revelación de Dios es un
patrimonio eterno que produce un gozo interior que nada ni nadie nos puede
arrebatar.
Una decisión firme: El camino
de la fe requiere determinación. El salmista tomó la decisión consciente de
inclinar su corazón a obedecer (v. 112). La obediencia no es una emoción
pasajera; es un compromiso diario de fidelidad que se mantiene «hasta el fin», sin
importar el tamaño de los obstáculos.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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