sábado, 11 de julio de 2026

Un momento... Cuando el alma necesita ser escuchada

 


UN MOMENTO CON DIOS

Cuando el Alma Necesita Ser Escuchada

 

«Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; respóndeme por tu fidelidad, por tu justicia.» (Salmo 143. 1)

 

Hay momentos en la vida donde las fuerzas se agotan, el entorno se vuelve hostil y lo único que nos queda es un suspiro atrapado en la garganta. El Salmo 143 es el último de los llamados "salmos penitenciales" o de lamento de David. Se cree que fue escrito en uno de los períodos más oscuros de su vida, probablemente mientras huía de su propio hijo Absalón o se escondía en la frialdad de una cueva. David no estaba lidiando con un mal día; estaba lidiando con un alma quebrantada.

Sin embargo, lo fascinante de este primer versículo no es la gravedad de su crisis, sino el anclaje de su fe. En una sola frase, David nos enseña cómo abrir el corazón ante Dios cuando ya no nos quedan fuerzas para aparentar:

Una vulnerabilidad sin filtros: Al decir "oye mi oración, escucha mis ruegos", el salmista no usa una liturgia rígida ni palabras ensayadas. Desnuda su necesidad. Reconoce que depende enteramente de que el Creador del universo incline su oído hacia él. La oración no es un examen de elocuencia; es un grito de auxilio que Dios jamás ignora.

El fundamento correcto: Esto es lo más profundo del verso. David no pide ser escuchado porque él sea un buen rey, porque sea perfecto o porque "se lo merezca". Él apela a dos atributos divinos inmutables: la fidelidad y la justicia de Dios.

Cuando basamos nuestras oraciones en nuestro propio desempeño, siempre nos sentiremos indignos de ser escuchados. Pero cuando oramos basados en la fidelidad de Dios, Su incapacidad de fallar a Sus promesas, y en Su justicia, encontramos un terreno firme donde sostenernos.

¿Cuántas veces nos hemos abstenido de orar porque sentimos que hemos fallado, o porque creemos que nuestros problemas son "demasiado pequeños" o "demasiado repetitivos" para Dios? El Salmo 143. 1 rompe esa barrera.

Hacer teología en medio del dolor significa recordar quién es Dios cuando todo a nuestro alrededor parece desmoronarse. Hoy podemos acercarnos al trono de la gracia con la total certeza de que no se nos pide una fe perfecta, sino un corazón sincero. Dios nos responde porque Él es fiel, no porque nosotros seamos infalibles.

Si nuestra oración de hoy dependiera exclusivamente de la fidelidad de Dios y no de nuestras circunstancias actuales, ¿con qué tanta confianza nos acercaríamos a Su presencia?

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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