UN MOMENTO CON DIOS
El mañana no nos pertenece
"No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué dará de sí el día." (Proverbios 27. 1)
Vivimos en la era de la
hiperplanificación. Agendas digitales, proyecciones financieras, estrategias a
largo plazo y calendarios repletos nos dan la sutil pero peligrosa ilusión de
que somos los dueños absolutos de nuestro destino. Nos resulta natural dar por
sentado que el mañana llegará exactamente de la forma en que lo hemos diseñado
en nuestra mente. Sin embargo, este proverbio de Salomón nos confronta con una
realidad ineludible y profundamente liberadora, la incertidumbre del futuro y
la fragilidad del tiempo humano.
La palabra clave en este
versículo es "jactarse". El texto no condena la prudencia, el ahorro
ni la sabia preparación para el futuro. Lo que la sabiduría bíblica confronta
es la arrogancia de asumir que el tiempo está bajo nuestro control. Cuando nos
jactamos del mañana, caemos en la presunción; actuamos como si tuviéramos la
última palabra sobre nuestra salud, nuestros recursos y nuestras vidas. La
realidad terrenal es que un solo segundo puede cambiar el rumbo de la historia
familiar, económica o nacional. El mañana no es una propiedad adquirida, es una
posibilidad.
Esta enseñanza nos invita a reevaluar
nuestras prioridades. Si el mañana es un misterio incontrolable, entonces el
diseño divino para nosotros se concentra en el hoy. El presente es el único
terreno real donde podemos ejercer la fe, obedecer a Dios, amar al prójimo y
trabajar con integridad. Postergar la reconciliación, retrasar la generosidad o
asumir que siempre habrá "un momento más idóneo" para hacer lo
correcto es jugar con una moneda que no poseemos.
La madurez espiritual nos
enseña a trazar metas manteniendo las manos abiertas. Sustituye la confianza
ciega en tus propios planes por la actitud que siglos más tarde recomendaría el
apóstol Santiago: entender que nuestras vidas son como una neblina pasajera y
que cualquier proyecto debe estar sujeto a la soberanía divina, bajo la premisa
de "si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello".
Abrazar el valor del presente,
desconectarnos de la ansiedad por el futuro. El exceso de preocupación por el
mañana drena las fuerzas que necesitamos para resolver los desafíos de este
día. Preguntémonos hoy mismo: ¿Qué decisión importante hemos estado postergando
bajo la falsa seguridad de que el tiempo nos sobra? Invirtamos nuestra energía
en lo eterno ahora, porque el hoy es el único regalo garantizado.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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