lunes, 20 de julio de 2026

Un momento... El mañana no nos pertenece

 


UN MOMENTO CON DIOS

El mañana no nos pertenece

 

"No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué dará de sí el día."  (Proverbios 27. 1)

 

Vivimos en la era de la hiperplanificación. Agendas digitales, proyecciones financieras, estrategias a largo plazo y calendarios repletos nos dan la sutil pero peligrosa ilusión de que somos los dueños absolutos de nuestro destino. Nos resulta natural dar por sentado que el mañana llegará exactamente de la forma en que lo hemos diseñado en nuestra mente. Sin embargo, este proverbio de Salomón nos confronta con una realidad ineludible y profundamente liberadora, la incertidumbre del futuro y la fragilidad del tiempo humano.

La palabra clave en este versículo es "jactarse". El texto no condena la prudencia, el ahorro ni la sabia preparación para el futuro. Lo que la sabiduría bíblica confronta es la arrogancia de asumir que el tiempo está bajo nuestro control. Cuando nos jactamos del mañana, caemos en la presunción; actuamos como si tuviéramos la última palabra sobre nuestra salud, nuestros recursos y nuestras vidas. La realidad terrenal es que un solo segundo puede cambiar el rumbo de la historia familiar, económica o nacional. El mañana no es una propiedad adquirida, es una posibilidad.

Esta enseñanza nos invita a reevaluar nuestras prioridades. Si el mañana es un misterio incontrolable, entonces el diseño divino para nosotros se concentra en el hoy. El presente es el único terreno real donde podemos ejercer la fe, obedecer a Dios, amar al prójimo y trabajar con integridad. Postergar la reconciliación, retrasar la generosidad o asumir que siempre habrá "un momento más idóneo" para hacer lo correcto es jugar con una moneda que no poseemos.

La madurez espiritual nos enseña a trazar metas manteniendo las manos abiertas. Sustituye la confianza ciega en tus propios planes por la actitud que siglos más tarde recomendaría el apóstol Santiago: entender que nuestras vidas son como una neblina pasajera y que cualquier proyecto debe estar sujeto a la soberanía divina, bajo la premisa de "si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello".

Abrazar el valor del presente, desconectarnos de la ansiedad por el futuro. El exceso de preocupación por el mañana drena las fuerzas que necesitamos para resolver los desafíos de este día. Preguntémonos hoy mismo: ¿Qué decisión importante hemos estado postergando bajo la falsa seguridad de que el tiempo nos sobra? Invirtamos nuestra energía en lo eterno ahora, porque el hoy es el único regalo garantizado.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

 

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