domingo, 10 de julio de 2022

Un momento... ¿Sabemos cuánto valemos?

 


UN MOMENTO CON DIOS

¿Sabemos cuánto valemos?   

 

 “Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra” (Isaías 43. 4)

 

  Muchas personas han nacido en hogares donde sus padres no los han amado y los han maltratado. Crecieron creyendo que no servían para nada, con el latiguillo sobre sus cabezas “no vales nada”.

Estando convencidos de que, si sus padres no lo valoraban y creían que no sabía hacer nada, el resto de la gente mucho menos los tendría en cuenta. Pensaban que estaban condenados al fracaso.

Muchos de ellos, a pesar de tener logros en sus vidas y conseguir progresar en lo que hacen, siguen sintiendo en su interior ese famoso latiguillo “no vales nada”.

Aun cuando conocen el amor de Dios les cuesta entender que hay un Padre Celestial que los ama y que los valora.

Les toma mucho tiempo darse cuenta de que sus padres terrenales estaban equivocados, y que su Padre Celestial los ama y lo valora hasta que llegan a entender  plenamente lo que Pablo escribió: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5.17).

En nuestra sociedad está muy arraigado el siguiente concepto: “Dime cuánto tienes y te diré cuanto vales”; para muchos el valor de las personas está en sus recursos económicos. Este concepto, influencia a muchos, creando así pocos valiosos y muchos sin valor. Si pensamos en el valor de algún objeto preciado y si podemos darnos cuenta del valor que tiene, éste será reflejado en su precio, dejando en claro que lo que vale mucho, tiene un precio muy alto.

Pero el valor de la vida humana no puede compararse a ninguna otra cosa en el mundo. DIOS estableció nuestro valor cuando nos creó; Él nos hizo a cada uno único y lo honramos cuando aceptamos nuestra singularidad. DIOS nos creó con la variedad que necesitamos para cumplir el propósito designado para cada uno.

La Palabra de Dios nos dice en Juan 3.16 “De tal manera, amó DIOS al mundo que ha dado a su único Hijo, para que todo aquel que en El crea, no se pierda más tenga vida eterna.” 

Dios pagó un precio muy alto, entregando a Su propio Hijo por nosotros, precio de sangre; y esto nos debe llevar a pensar que el valor que nosotros tenemos para Dios es muy alto. Éste es el real valor de nuestras vidas, y debería ser sólo este concepto el que nos influencie. 

¿Y nosotros? ¿Sentimos que no valemos nada? Si es así, éste es el tiempo de acercarnos a Dios. En nuestras inseguridades ÉL quiere mostrarnos el camino a seguir, dándonos las respuestas que necesitamos a todas nuestras preguntas.

No hay necesidad de que nos sintamos incompetentes al lado de nadie cuando tenemos una relación íntima con Aquel que nos creó.

Independientemente de lo que alguien nos haya dicho, Aquel que cuenta, Dios, nos ve como una hermosa nueva creación y seguirá moldeándonos para Sus buenos propósitos. ÉL se deleita en cada uno de nosotros porque nos ama.

Dios les bendiga abundantemente.

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