UN MOMENTO CON DIOS
Aferrémonos a la fe
“Les ruego que coman algo. Esto es necesario, si quieren sobrevivir, pues nadie va a perder ni un cabello de la cabeza. Al decir esto, Pablo tomó en sus manos un pan y dio gracias a Dios delante de todos. Lo partió y comenzó a comer. Luego todos se animaron y comieron también”. (Hechos 27. 34 – 36)
Estar dominado por la
duda es sentir incertidumbre, temor, miedo, desconfianza y hasta tener la
enfermedad de paranoia al pensar, desconfiar y dudar de todos.
La duda tiene el poder
de controlar la mente y la voluntad, o sea que, controla nuestros pensamientos,
sentimientos y la capacidad de tomar decisiones.
La duda es un límite a
la confianza ya que, donde hay dudas, no existe la creencia en la verdad de un
conocimiento.
Incredulidad es un
sinónimo de duda, pero la duda a veces no tiene fundamentos que la justifiquen
mientras que la incredulidad a veces se sostiene por una enseñanza recibida o
por una experiencia vivida. Con todo, sentir o estar en duda es algo
totalmente negativo y peligroso.
Pensando en las
personas que acompañaban al apóstol Pablo en la nave donde lo llevaban preso
rumbo a Roma en Hechos 27 - 28, podríamos hasta justificar su miedo, temor y
duda sobre si vivirían o no y/o de las palabras que Pablo les
decía. Había viento, lluvia y amenazas de huracán y el movimiento
del barco era tan fuerte como de espanto por las olas que se elevaban para
todos lados colaboraba para acrecentara el miedo, el terror y la duda en
todos. Humanamente, no había escape, ni salvación para todos, y debían
tomar decisiones, alivianar la carga del barco, y con ser así, no cambiaba nada
el destino. Los soldados temían por sus vidas pues es con lo que pagarían
si los presos escapaban, pero, en fin, ellos morirían por el mar o por el
castigo.
Sin embargo, cuando la
fe es mayor que la duda, nada de lo que suceda a nuestro alrededor puede robar
la seguridad, la confianza, la certeza que hay en el corazón y la mente.
Cuando se tiene esto, la duda no tiene cabida, el miedo no hace ningún
destrozo, no puede desestabilizar el estado de ánimo.
La fe es lo que da
contentamiento, y contentamiento es la capacidad de mantenerse tranquilo,
estable, satisfecho, seguro y confiado, aunque se esté en la más terrible
tempestad.
Esta fe en Dios,
alimentada por Su Palabra, por la presencia del Espíritu, y el recuerdo de lo
que es Dios, sus promesas y su persona, es lo que permite desestimar todo lo
que suceda a nuestro alrededor, y mantener firme la esperanza, la confianza y
la seguridad de la vida.
Pablo poseía una
confianza, seguridad en Dios, no se dejó manipular por la actitud negativa,
pesimista y desesperada del resto de los tripulantes. Al contrario, les exhortó
a tener animo (fe) (Hechos 27. 24 - 25), a creer en el Dios.
Tal como Pablo les dijo
así sucedió. Ninguno pereció, todos se salvaron, ningún preso
huyo.
Lo que Pablo tenía es lo que todos debemos
tener, una fe segura, firme, y viva en Dios.
Creamos las promesas de
Dios, no nos olvidemos quien es el que las prometió. Solo recordemos, la fe es
superior a la duda, y Dios es superior a todo.
Dios les bendiga
abundantemente.
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