UN MOMENTO CON DIOS
Un gran tesoro
"¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!" (Salmo 139. 14)
Nuestra vida en la tierra no
es una casualidad del destino. Mucho antes de que naciéramos Dios ya nos
pensó. Vivimos porque Dios nos creó. Ahora, mirémonos. ¿Estamos satisfechos con
la obra de Dios? Quizás no nos guste nuestro rostro, o nuestra altura, u otras
características físicas. ¡Todos queremos ser perfectos!
“Dios miró todo lo que
había hecho, y consideró que era muy bueno” (Génesis 1. 3, l0). Este
texto habla de todos nosotros. Dios definió cada rasgo de nuestra apariencia.
El eligió nuestra nacionalidad, el color de nuestra piel, ojos, cabello, y todo
el resto. ¡Él nos hizo único! No somos ni un error ni un defecto en la
obra de Dios, sino la realización de Su plan.
El Salmo 139.15
dice: “Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito yo era
formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido”. El pincel
del gran diseñador dibujó la obra más hermosa que existe, sus manos crearon y
proyectaron como en un espejo lo que sería Su propia imagen, sin duda la obra
más perfecta de Dios y seguramente la que le dio mayor satisfacción: El hombre,
el broche de oro, que enmarcó el cuadro perfecto de la creación, sellando con
Su firma el final de una pintura sin igual.
Como Dios nos hizo a cada uno
de nosotros con un propósito especial, ÉL determinó el tiempo de nuestro
nacimiento y el largo de nuestra vida, de tal forma que podamos lograr ese
propósito. ¡ÉL tenía planeado el largo de nuestra vida desde antes que
naciéramos! El Salmo 139.16 dice: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque
no existía uno solo de ellos.”
Dios no dejó fuera ni el más
pequeño detalle, sino que organizó todo perfectamente para cumplir Su
propósito. Nunca olvidemos que somos una hermosa flor en el gran jardín de Dios;
no permitamos que las dificultades de la vida, las circunstancias adversas que
se abaten sobre nosotros, vengan a marchitar la hermosa flor que hay en
nosotros y que el Jardinero Santo creó con tanto amor, “¡Levántate y resplandece,
que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor brilla sobre ti! Mira, las
tinieblas cubren la tierra, y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.
Pero la aurora del Señor brillará sobre ti; ¡sobre ti se manifestará su
gloria!" (Isaías 60. 1 - 2)
Si alguna vez nos sentimos
incompetente o sin los dones necesarios, recordemos que Dios nos dio todo lo
que necesitamos para llevar a cabo el propósito para el cual ÉL nos creó. A
través de la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios nos ha hecho Su tesoro.
Por lo tanto, sin temor usemos lo que ÉL nos ha dado para cumplir Su voluntad y
compartir Su amor con quienes nos rodean.
Dios les bendiga
abundantemente.
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