UN MOMENTO CON DIOS
La brújula de Dios en nuestro
camino
“En esta tierra soy un extranjero; no escondas de mí tus mandamientos.” (Salmo 119. 19)
Una de las industrias más
sólidas a nivel mundial es la del turismo. Grandes sumas de dinero se usan cada
año para visitar países en el exterior y también para hacer turismo interno. La
mayoría de los países de Europa, los Estados Unidos de Norteamérica, China y
México se ubican en el tope de la lista de países que han generado más entradas
por este concepto. Las cifras de los viajeros que visitan estos países se miden
por millones de personas al año y los ingresos que ellos generan se miden por
miles de millones de dólares al año.
Una de las industrias que se
han desarrollado paralelamente al turismo es la de la publicación de guías para
viajeros. Estos libros, llenos de información necesaria para aprovechar el
corto tiempo que dura la estadía en una ciudad o un país específico, se venden
muy bien y constituyen una de las secciones más visitadas de las librerías.
¿Se imaginan ustedes visitar
un país sin antes haber investigado bien para definir un plan de visitas a
museos, sitios históricos, bellezas arquitectónicas y paisajes de impresionante
belleza? Son muy pocos los turistas que se atreven a vivir la aventura de una
travesía turística por un país sin llevar en el bolsillo una de estas útiles
guías.
Sorprendentemente, muchos
hijos de Dios transitan por este mundo, del cual no son ciudadanos, sin
utilizar la guía del viajero por excelencia, la Palabra de Dios, La Biblia. La
gran mayoría de las veces nos sentimos tan a gusto en este mundo que nos
olvidamos de que nuestra ciudadanía está en los cielos y de que somos simples
transeúntes que andamos de paso por esta atracción turística llamada mundo. Y
para completar, ni siquiera sabemos cuáles son las cosas interesantes que
podemos hacer y los lugares más recomendados para visitar mientras estamos aquí
para intensificar la experiencia del viaje.
Nunca es tarde para que
revises la guía del viajero. Nos sorprenderá al enterarnos de la gran cantidad
de cosas que no sabíamos que podíamos y teníamos que hacer para aprovechar al
máximo nuestra excursión.
Comencemos, ahora mismo a
conocer más de este mundo y de lo que Dios espera de cada uno de nosotros
porque el tiempo es corto. Veremos nuestro viaje desde una perspectiva
totalmente diferente a como lo veníamos haciendo.
Dios les bendiga
abundantemente.
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