UN MOMENTO CON DIOS
Acumulando experiencia
“El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias.” (Proverbios 27. 12)
La manera en que está redactado este proverbio de Salomón no deja lugar a dudas de que para llegar a ser prudente es necesario acumular experiencia. Una experiencia puede ser positiva o negativa, pero siempre es valiosa. La lección que podamos extraer y aprender de ella es lo más importante de todo el asunto.
Todos estamos sometidos a diversos tipos de experiencias y la idea es que las aprovechemos como excelentes oportunidades que son, para adquirir conocimientos y destrezas. Cuando nos toque enfrentar situaciones parecidas a las ya experimentadas, sabremos qué considerar y cómo actuar para salir victoriosos de la prueba.
Se cuenta que el nuevo presidente de un banco le preguntó al que iba a reemplazar sobre el secreto del éxito. Éste replicó: «Tomar buenas decisiones.» «Sí, ¿pero ¿cómo se toman?» preguntó el primero. El otro respondió: «Con la experiencia». Perplejo el nuevo presidente insistió: «¿Cómo se consigue la experiencia?» a lo que el otro respondió: «Por medio de nuestras decisiones.»
La experiencia no es tanto las cosas que nos pasan, sino lo que nosotros hacemos con ellas. Teniendo esto en cuenta, preguntémonos: ¿Puede mi sufrimiento ayudarme y a otros también?,¿puede de esta desgracia salir algo bueno para mi vida y que ministre a otros?
Cuando pasamos por momentos de prueba, tenemos dos alternativas: rendirnos o crecer. No seamos, pues, como el inexperto e ingenuo principiante que siempre comete numerosos errores por no poseer ningún tipo de experiencia.
Dios nos da suficientes oportunidades para ir aprendiendo lo que es verdaderamente importante y para saber cómo enfrentar los problemas que son típicos de la sociedad y de la cultura en que nos ha tocado vivir.
No actuemos imprudentemente para luego quejarnos ante Dios de que somos las personas más desdichadas de la tierra, cuando en realidad, la gran mayoría de los problemas a los que tenemos que hacer frente son consecuencia directa de nuestras impulsivas e imprudentes decisiones.
Cuando nos toque vivir experiencias negativas, esforcémonos por evaluarlas y aprender de ellas, y, sobre todo, apoyémonos en las enseñanzas que nos concede nuestro Señor, pidiéndole ayuda para actuar con mucha madurez y prudencia.
Dios les bendiga abundantemente.
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