UN MOMENTO CON DIOS
Lo importante de la vida
“Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día. Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hace, le sale bien!” (Salmo 1. 1 – 6)
Dicen que en la vida quien
pierde el techo, gana las estrellas, y es así. A veces pierdes lo que querías,
pero conquistas lo que nunca imaginaste.
No todo depende del tiempo,
sino de la actitud con que se mira la vida. El tiempo es como un río, nunca
podrás tocar sus aguas dos veces, porque el agua que ya pasó nunca pasará de
nuevo.
Aprovechemos cada minuto,
segundo y hora de nuestra vida y recordemos: Nunca nos fijemos en la apariencia
de las personas porque esta cambia con el tiempo.
No busquemos a la persona
perfecta, porque no existe. En cambio, aceptemos las imperfecciones de las
personas, que es eso lo que las hace realmente únicas.
Busquemos por encima de todo,
a alguien que sepa nuestro verdadero valor, que nos quiera y acepte con todo y nuestros
días grises. La vida no es color de rosa, hay muchas escalas de grises que
pintan el paisaje de nuestros días.
Tengamos cuatro amores y hagámoslos nuestros: DIOS, la VIDA, la FAMILIA y los
AMIGOS.
1.- DIOS porque es el Dueño de
la vida y a ÉL le debemos nuestra vida, y el estar aquí nada más importante que
ÉL.
2.- La VIDA porque es un
regalo de Dios y el prometió que nos daría una vida abundante dentro de Su
voluntad.
3.- La FAMILIA, porque es
única y son los seres que más nos aman sobre la tierra.
4.- Y finalmente los AMIGOS
porque son escasos, son quienes Dios coloca en nuestro camino para acompañarnos
en este viaje.
Siempre recordemos ‘dar un
abrazo’, ‘una sonrisa’, ‘un bueno día’, ‘un te quiero’, ‘un te extraño’ o ‘un
me haces falta’. Son detalles, que no cuestan nada, ¡pero llenan el alma!
Por último… Conversemos
todos los días con Dios por medio de la oración. Leamos diariamente Su Palabra
(La Biblia). Pidamos a Dios que Su Espíritu nos ayude a estudiarla,
escudríñala, a entenderla y a comprenderla. Guardemos en nuestro corazón lo
aprendido, pongámosla en práctica y compartámosla con otros.
Dios les bendiga
abundantemente.
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