UN MOMENTO CON DIOS
El Cartel de Jesús: Verdad y
Reconocimiento
"A lo suyo vino, y
los suyos no le recibieron" (Juan 1. 11)
Tras haber presionado a Pilato para ejecutar a Jesús, los líderes judíos se encuentran con un obstáculo inesperado: el título que corona la cruz. "Jesús Nazareno, Rey de los Judíos".
El intento de los principales
sacerdotes por editar la realidad pidiendo que se cambie por un "Él dijo:
Soy Rey de los Judíos" es el eco perfecto y trágico del prólogo del mismo
evangelio: "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron" (Juan 1. 11)
Al comparar ambos pasajes,
notamos una resistencia constante a Dios. En Juan 1, el rechazo es profundo y
personal: la Luz llega, pero la gente prefiere la oscuridad para no tener que
admitir sus faltas ni cambiar su forma de vida. En Juan 19, ese rechazo se
vuelve formal y externo, centrándose en las palabras exactas de un letrero y en
las conveniencias políticas.
Los líderes religiosos no solo
no reconocieron a Jesús como el Mesías; ahora intentan borrar el testimonio
público de su identidad. Pilato, un pagano cínico, termina siendo, irónicamente,
quien sostiene la verdad teológica con su famosa respuesta: "Lo que he
escrito, he escrito". Mientras los "suyos" intentan reducir a
Jesús a un impostor que "dijo ser", la providencia utiliza a un
romano para proclamar lo que Jesús "es".
Los líderes judíos querían una
verdad editada que se ajustara a su comodidad política.
Hoy vivimos en una era de
"posverdad" donde intentamos cambiar el "cartel" de lo que
Dios dice para que se adapte a nuestras preferencias. La enseñanza es clara: la
identidad de Cristo es absoluta, no depende de nuestro reconocimiento para ser
real.
Dios tiene formas extrañas de
glorificarse. Incluso a través de un gobernador corrupto como Pilato, el
mensaje del Reino quedó clavado en lo alto para que todos lo vieran. Esto nos
da esperanza: el propósito de Dios no puede ser "editado" por la
voluntad humana.
El conflicto sobre el cartel en
la cruz nos advierte sobre la dureza del corazón humano. Reconocer a Jesús
requiere más que ver los hechos; requiere la humildad de aceptar que Él es Rey,
nos guste o no su corona de espinas.
Hoy, la pregunta no es qué
dice el cartel, sino si nosotros, que nos llamamos "suyos", le
estamos reconociendo en el prójimo, en la prueba y en su soberanía.
Dios les bendiga
abundantemente.

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