UN
MOMENTO CON DIOS
Dios
nos creó para tener comunión con nosotros
El
hombre fue hecho a la imagen de Dios y ha sido creado para tener comunión con
Dios.
Muchos tienen la idea de que Dios hizo al hombre para tener a alguien a quien
controlar. Pero Dios no hizo marionetas para manejarlas a su antojo. Él es
amor, y el amor necesita darse a alguien. Por eso Dios creó al hombre: para
poder darle su amor.
Dios pudo haber dado su amor a los ángeles, y lo hizo. Pero el darle su amor a los ángeles no fue satisfacción suficiente. Porque los ángeles no están hechos a la imagen de Dios.
La razón es porque fuimos creados a la imagen de Dios. Así es Él. Dios desea tener comunión con alguien como Él y ese alguien somos nosotros.
Somos realmente especiales, únicos en la creación, hechos por Dios a su imagen.
La Biblia dice en Génesis 1. 26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; … Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Que gran privilegio tenemos los hijos de Dios.
Y
además hemos sido creados no solo a Su imagen sino también para Su gloria.
“Todos
los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los
hice”. (Isaías 43. 7)
Hermoso
pasaje de la Palabra de Dios, que nos expresa que somos obra de su mano para
proclamar su gloria.
¿Tenemos
clara cuál es nuestra meta como cristianos?, La Biblia nos exhorta a vivir en
la presencia del Señor, a buscar su rostro, a poner los ojos en Jesús, el autor
y consumador de la fe. Muchas veces nos llenamos de activismo, muchos estudios,
cultos, y esto está bien, pero la pregunta es: ¿Damos gloria a Dios?, ¿Vivimos
en su presencia?, ¿Caminamos en integridad?
No es la letra a repetir, es la santidad a vivir, Pablo les dijo a los Corintios:
«el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la
letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica.» (2
Corintios 3. 6)
Saber
la Escritura y no cumplirla es fariseísmo, y sin revelación no hay manera de
entender la voluntad del Señor. Entonces debemos seguir preguntándonos:
¿Estamos doblando rodilla ante Cristo quien entregó su vida en la cruz por
nosotros? ¿Vivimos realmente por y para él? ¿Glorificamos su santo nombre? Solo
de ese modo y con revelación divina viviremos de gloria en gloria y de victoria
en victoria.
Tenemos un Dios que se complace en la alabanza de su pueblo, y que habita en
medio de ella. Tenemos al Santo, el Poderoso de Israel que es digno de
adoración. A Jesús, el Cordero de Dios sea la gloria, el poder, el honor y la
honra por los siglos de los siglos.
Dios
les bendiga abundantemente.
Hermosa reflexion, bendiciones del Dios Altísimo, Amén
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