UN MOMENTO CON DIOS
Sin dudar nada
“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor”. (Santiago 1. 6 – 7)
La palabra "fe" se la utiliza mucho, pero se la cree poco. Con cualquiera que hablemos y le preguntemos, dirá con seguridad que tiene fe "pues lo importante es creer en algo...". La fe verdadera es aquella que está puesta en el Señor Todopoderoso. Con esa clase de fe verdadera podemos alcanzar lo imposible, pues Dios está de nuestro lado. Nuestro problema radica en mantenernos confiando y creyendo en el Señor.
Pareciera que nuestra fe no es estable y tiende a desaparecer cuando surgen las dificultades.
¡Precisamente para enfrentar
un mundo difícil y lleno de dificultades, el Señor nos ha provisto la fe!
Ella sólo puede afirmarse y
crecer en medio de las dificultades diarias. Sin luchas no puede haber una fe
estable. Cuando nos dejamos llevar por nuestros problemas, nuestra fe es como
la del pasaje de hoy: Parecida a las olas del mar que van de un lado al otro.
La Biblia nos dice que esta clase de fe nunca consigue nada. La fe inestable
impide el obrar del Señor, pues Dios siempre opera en un ambiente lleno de fe.
Esto parece inalcanzable pero no es así. Con la ayuda del Señor podemos tener
una fe estable, una fe que no duda, sino que permanece firme en todo tiempo.
Es tiempo que tomemos las
riendas del "caballo" de la duda y lo domemos en el Nombre del Señor.
Se necesita el mismo esfuerzo para tener fe como para dudar, nada más que una
(la fe) está del lado del Señor y la otra (duda) del lado del enemigo. Renunciemos
a todo hábito de duda en nuestra vida, y notaremos que nuestra fe crecerá y
permanecerá firme.
Dios les bendiga
abundantemente.
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