martes, 27 de octubre de 2026

Un momento... La perseverancia en la oración

 


UN MOMENTO CON DIOS

La perseverancia en la oración

 Lucas 18. 1 - 8

 Jesús nos relata la parábola de la viuda persistente para enseñarnos una lección fundamental, la necesidad de orar siempre y no desmayar. A través de un contraste impactante entre un juez injusto y un Dios justo, este pasaje nos revela la naturaleza de la oración constante y el valor de la perseverancia en la vida de fe.

En la sociedad del siglo I, una viuda representaba a uno de los sectores más indefensos e ignorados. No tenía influencia, dinero ni protección social para exigir justicia. Del otro lado estaba un juez que "ni temía a Dios ni respetaba a hombre alguno". Ante la indiferencia de este hombre, la única arma de la viuda fue su persistencia.

Ella no se rindió ante la negativa inicial ni ante el silencio. Volvía una y otra vez buscando justicia. Finalmente, el juez cedió no por compasión o sentido del deber, sino para evitar que la mujer continuara molestándolo. Si un juez corrompido e insensible responde a la insistencia, ¿cuánto más responderá nuestro Padre celestial, que es infinitamente bueno y justo?

Jesús no compara a Dios con el juez injusto; los contrasta. Dios no escucha nuestras oraciones con desgano ni por obligación. Él ama a sus elegidos y conoce sus luchas cotidianas.

Cuando sentimos que las respuestas a nuestras peticiones tardan en llegar, la parábola nos recuerda que la aparente demora de Dios no es indiferencia, sino parte de su tiempo perfecto. La perseverancia en la oración no busca torcer el brazo de Dios, sino alinear nuestro corazón con su voluntad mientras aprendemos a depender completamente de Él.

Esta enseñanza nos confronta con la tentación moderna del cansancio y la inmediatez:

Resistir la apatía espiritual: Vivimos en una cultura del resultado instantáneo. Cuando la respuesta no llega rápido, la tendencia es abandonar la oración. Jesús nos llama a insistir con fe.

Confiar en la justicia divina: Aunque en el mundo abunde la inequidad, debemos mantener la certeza de que Dios hará justicia a su tiempo.

Una fe activa: El capítulo cierra con una pregunta punzante: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?". La verdadera fe se manifiesta en una oración perseverante que no se rinde frente a la adversidad.

Hoy, Jesús nos anima a mantener viva la llama de la oración, confiando en que Dios escucha, atiende y responde a sus hijos con amor y justicia.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario