jueves, 22 de octubre de 2026

Un momento... Las tormentas pasan aun en obediencia a Cristo

 


UN MOMENTO CON DIOS

Las tormentas pasan aun en obediencia a Cristo

 Lucas 8. 22 – 25

 El pasaje donde Jesús calma la tempestad en el lago de Genesaret, ofrece una lección profunda sobre la confianza en medio de las crisis inevitables de la vida y revela la verdadera identidad y soberanía de Cristo.

El relato comienza con una indicación clara de Jesús: «Pasemos al otro lado del lago». Los discípulos no se encontraban en peligro por desobediencia o imprudencia, sino por seguir al Maestro. Esto enseña que estar en la voluntad de Dios o caminar cerca de Jesús no exime al creyente de atravesar dificultades, problemas económicos, pérdidas o crisis personales. Las pruebas forman parte natural del discipulado.

Mientas se desencadenaba una furiosa tempestad que anegaba la barca, Jesús dormía plácidamente en la popa. Este sueño no reflejaba indiferencia, sino una confianza absoluta en el cuidado del Padre. Por el contrario, los discípulos, dominados por el pánico, lo despertaron gritando: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!». El temor excesivo surge cuando la mirada se concentra en la magnitud de los vientos y las olas en lugar de fijarse en la presencia de quien viaja en la misma embarcación.

Al levantarse, Jesús no utilizó fórmulas ni rituales; simplemente «reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza». Un acto tan rotundo demuestra que Cristo no solo tiene autoridad sobre las enfermedades o los espíritus impuros, sino también sobre las fuerzas de la naturaleza. Su palabra posee la misma capacidad creadora y ordenadora que en el principio de los tiempos.

Tras calmar las aguas, Jesús confrontó con firmeza a sus seguidores: «¿Dónde está vuestra fe?». La fe no consiste en asumir que no habrá tormentas, sino en recordar quién está al mando durante la tormenta. Asombrados y atemorizados, los discípulos se preguntaban: «¿Quién es este, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen?».

El pasaje de Lucas 8 invita a recordar que ninguna tempestad de la vida es más grande que la autoridad de Cristo. Cuando la barca de nuestra vida parece hundirse, la solución no es dejarse llevar por la desesperación, sino acudir con fe al Señor, reconociendo que con Él a bordo el destino seguro está garantizado.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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