viernes, 9 de octubre de 2026

Un momento... El llamado a discipular al mundo

 


UN MOMENTO CON DIOS

El llamado a discipular al mundo

 

Mateo 28. 16 - 20 marca la culminación del Evangelio de Mateo y define la misión fundamental de la Iglesia. Después de su resurrección, Jesús cita a sus discípulos en un monte de Galilea para entregarles la Gran Comisión, un mandato que trasciende la época apostólica y sigue vigente para todo creyente.

La base de la misión: La autoridad de Cristo.

Antes de emitir cualquier mandato, Jesús establece el fundamento de la misión: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (v. 18). La tarea evangelizadora no reposa en la elocuencia, las estrategias ni los recursos humanos, sino en la soberanía absoluta del Rey resucitado. Es su autoridad soberana la que nos respalda y nos impulsa a avanzar sin temor ante la oposición o el desánimo.

El corazón del mandato: Hacer discípulos

El verbo principal en el texto original es “haced discípulos”, mientras que “ir”, “bautizar” y “enseñar” funcionan como los medios para lograrlo.

Ir implica salir de nuestra zona de confort y llevar el mensaje de salvación a todas las naciones, rompiendo barreras culturales y geográficas.

Bautizar simboliza la incorporación del creyente a la comunidad de fe y su identificación pública con la muerte y resurrección de Cristo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Enseñar, el discipulado no termina con la conversión. Consiste en instruir a los creyentes para que guarden y obedezcan todo lo que Jesús mandó, transformando su estilo de vida a la imagen de Cristo.

La promesa consoladora: Su presencia continua

La Gran Comisión cierra con una de las promesas más reconfortantes de las Escrituras: “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (v. 20). No somos enviados en nuestras propias fuerzas. Jesús promete su compañía ininterrumpida y activa a través del Espíritu Santo, fortaleciéndonos en cada paso del camino.

La Gran Comisión no es una sugerencia ni una tarea reservada exclusivamente para pastores o misioneros a tiempo completo; es la vocación suprema de cada seguidor de Jesús. En nuestro entorno diario, el hogar, el trabajo o la comunidad estamos llamados a dar testimonio del Evangelio, acompañar a otros en su crecimiento espiritual y recordar que la presencia de Cristo nos garantiza la victoria final.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario