UN MOMENTO CON DIOS
La esperanza frente a lo
imposible
La resurrección de Jesús en Marcos 16 constituye el pilar central del mensaje cristiano, no solo marca la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte, sino que transforma la desesperanza de sus seguidores en una misión con alcance universal. Para el mundo actual, este relato ofrece lecciones fundamentales sobre la esperanza, la superación de la duda y el propósito de vida.
El capítulo inicia con las
mujeres camino al sepulcro de madrugada, preguntándose con preocupación quién
les movería la enorme piedra de la entrada. Al llegar, descubren que la piedra
ya ha sido removida. Esto enseña que Dios actúa más allá de los límites y los
obstáculos que consideramos insuperables. En la actualidad, cuando las personas
enfrentan «piedras» emocionales, crisis o situaciones que parecen no tener
salida, la resurrección nos recuerda que la última palabra nunca la tienen la
muerte ni el fracaso, sino el poder restaurador de Dios.
Marcos destaca de manera
honesta que los discípulos, sumidos en el luto y el miedo, se negaban a creer
el testimonio de quienes ya habían visto al Resucitado. Cuando Jesús se les aparece,
los reprende por su incredulidad y dureza de corazón, pero no los descarta. La
enseñanza para hoy es profundamente consoladora: la fe real no está exenta de
dudas o momentos de flaqueza. Cristo sale al encuentro de las personas en medio
de su escepticismo para renovar sus certezas y darles una segunda oportunidad.
La Gran Comisión es un llamado
a la fe activa y con propósito.
Jesús resucita y les envía un
mandato claro a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a
toda criatura». La resurrección transforma una fe pasiva y atemorizada en una
misión comunitaria activa. Para la sociedad contemporánea, esto implica que
creer en la resurrección no se limita a sostener un dogma teórico, sino a
encarnar un mensaje de vida, justicia, sanidad y esperanza en un mundo
fragmentado.
Celebrar la resurrección en el
día a día significa vivir con la certeza de que el amor de Dios ha vencido al
miedo, llamando a cada persona a ser portadora de luz y transformación en su
entorno.
Dios les bendiga abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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