UN MOMENTO CON DIOS
El propósito de la viña: Dar
fruto
En la parábola, un hombre
tenía una higuera plantada en su viña. Durante tres años consecutivos vino a
buscar fruto en ella y no halló ninguno. En la tradición bíblica, la higuera
representa tanto al pueblo de Dios como a la vida individual de cada creyente.
Esta imagen enseña que Dios no nos ha llamado a una religiosidad meramente
pasiva o de apariencia, sino a una vida fecunda que manifieste los frutos del
Espíritu: amor, justicia, paz y buenas obras. Tener privilegios o estar
plantado en un buen lugar exige una responsabilidad ética y espiritual.
Al no hallar frutos, el dueño
de la viña ordena al viñador: «Córtala; ¿para qué inutiliza también la
tierra?». Esta sentencia refleja la santidad y la justicia divina. Una vida que
ocupa un espacio sin cumplir su propósito no solo se perjudica a sí misma, sino
que priva a su entorno del bien que debiera aportar. El pasaje advierte con
claridad que la paciencia de Dios no debe confundirse con indiferencia ante la
falta de transformación personal.
La respuesta del viñador
revela el corazón misericordioso de Jesús: «Señor, déjala todavía este año,
hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si
no, la cortarás después». El viñador no se opone a la justicia, pero pide un
tiempo adicional de gracia para dedicarle un cuidado especial, removiendo la
tierra dura y abonándola. Jesús actúa como nuestro intercesor, concediendo
oportunidades continuas, enviando su palabra y el Espíritu Santo para ablandar
el corazón y propiciar el cambio.
A pesar de la gran compasión
mostrada, la parábola termina con una advertencia seria: la prórroga tiene un
límite («y si no, la cortarás después»). La gracia no es una licencia para la
complacencia o la postergación indefinida, sino una oportunidad urgente para
volverse a Dios.
Lucas 13 enseña que Dios busca
con anhelo frutos verdaderos en nuestra vida. Hoy es el tiempo favorable para
responder al cuidado del gran Viñador, abriendo el corazón a su gracia y dando
frutos dignos de arrepentimiento.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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