martes, 4 de agosto de 2026

Un momento... Renovar las fuerzas en Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Renovar las fuerzas en Dios

 

“¿Acaso nunca han oído? ¿Nunca han entendido? El Señor es el Dios eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita ni se cansa; nadie puede medir la profundidad de su entendimiento.  Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles. Hasta los jóvenes se debilitan y se cansan, y los hombres jóvenes caen exhaustos. En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán”. (Isaías 40. 28 – 31)

 

El pasaje de Isaías 40. 28 - 31 constituye una de las promesas de consolación y restauración más profundas del Antiguo Testamento. Dirigido originalmente a un pueblo cansado y desalentado por el cautiverio, este texto aborda la fragilidad de la condición humana frente a la grandeza incomparable del Creador.

El profeta comienza confrontando el olvido espiritual del pueblo con una pregunta reflexiva: "¿No has sabido, no has oído...?" La enseñanza señala que Dios no está limitado por los factores humanos. Él es el Dios eterno, Creador de los confines de la tierra, lo que significa que no sufre de fatiga, desgaste físico ni agotamiento mental. Su entendimiento es inalcanzable, lo que garantiza que sus decisiones y propósitos no están sujetos a la comprensión limitada del ser humano.

En contraste con la firmeza divina, la experiencia humana está profundamente marcada por el cansancio. El pasaje destaca algo fundamental:

Dios no descuida al débil. Lejos de rechazar al que se siente agotado, Él añade fuerzas al que no tiene ningunas.

Los límites de la fuerza propia: Incluso los jóvenes y los muchachos, símbolo de la mayor energía y vigor físico, se fatigan, se cansan y caen. Confiar en los recursos propios, la juventud o el talento resulta insuficiente para sostenerse en las pruebas más largas de la vida.

El clímax del pasaje introduce un principio transformador: los que esperan en el Señor. Esperar no significa apatía ni resignación, sino una confianza activa y dependiente en el carácter de Dios.

Quienes depositan su fe en Él experimentan un intercambio divino, entregan su cansancio humano y reciben la fortaleza inagotable de Dios. La metáfora de levantar alas como las águilas no solo representa la capacidad de elevarse por encima de las tormentas, sino de aprovechar las corrientes del Espíritu para volar sin esfuerzo propio.

Tres etapas de caminar renovados en Dios:

1. Volar: Capacidad para superar los momentos de mayor prueba con visión espiritual.

2. Correr: Agilidad para avanzar a paso firme en medio de los grandes retos sin desfallecer.

3. Caminar: Perseverancia diaria para mantener el rumbo cotidiano sin cansarse.

Este pasaje enseña que la verdadera fortaleza no radica en nunca caer ni en evitar el cansancio, sino en reconocer nuestra limitación y acudir continuamente a la fuente inagotable del poder de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

 

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