UN MOMENTO CON DIOS
Renovar las fuerzas en Dios
“¿Acaso nunca han oído? ¿Nunca han entendido? El Señor es el Dios eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita ni se cansa; nadie puede medir la profundidad de su entendimiento. Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles. Hasta los jóvenes se debilitan y se cansan, y los hombres jóvenes caen exhaustos. En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán”. (Isaías 40. 28 – 31)
El pasaje de Isaías 40. 28 - 31
constituye una de las promesas de consolación y restauración más profundas del
Antiguo Testamento. Dirigido originalmente a un pueblo cansado y desalentado
por el cautiverio, este texto aborda la fragilidad de la condición humana
frente a la grandeza incomparable del Creador.
El profeta comienza
confrontando el olvido espiritual del pueblo con una pregunta reflexiva:
"¿No has sabido, no has oído...?" La enseñanza señala que Dios no
está limitado por los factores humanos. Él es el Dios eterno, Creador de los
confines de la tierra, lo que significa que no sufre de fatiga, desgaste físico
ni agotamiento mental. Su entendimiento es inalcanzable, lo que garantiza que
sus decisiones y propósitos no están sujetos a la comprensión limitada del ser
humano.
En contraste con la firmeza
divina, la experiencia humana está profundamente marcada por el cansancio. El
pasaje destaca algo fundamental:
Dios no descuida al débil.
Lejos de rechazar al que se siente agotado, Él añade fuerzas al que no tiene
ningunas.
Los límites de la fuerza
propia: Incluso los jóvenes y los muchachos, símbolo de la mayor energía y
vigor físico, se fatigan, se cansan y caen. Confiar en los recursos propios, la
juventud o el talento resulta insuficiente para sostenerse en las pruebas más
largas de la vida.
El clímax del pasaje introduce
un principio transformador: los que esperan en el Señor. Esperar no significa
apatía ni resignación, sino una confianza activa y dependiente en el carácter
de Dios.
Quienes depositan su fe en Él
experimentan un intercambio divino, entregan su cansancio humano y reciben la
fortaleza inagotable de Dios. La metáfora de levantar alas como las águilas no
solo representa la capacidad de elevarse por encima de las tormentas, sino de
aprovechar las corrientes del Espíritu para volar sin esfuerzo propio.
Tres etapas de caminar
renovados en Dios:
1. Volar: Capacidad para
superar los momentos de mayor prueba con visión espiritual.
2. Correr: Agilidad para
avanzar a paso firme en medio de los grandes retos sin desfallecer.
3. Caminar: Perseverancia
diaria para mantener el rumbo cotidiano sin cansarse.
Este pasaje enseña que la
verdadera fortaleza no radica en nunca caer ni en evitar el cansancio, sino en
reconocer nuestra limitación y acudir continuamente a la fuente inagotable del
poder de Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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