UN MOMENTO CON DIOS
La trampa del orgullo basado
en el privilegio
El capítulo 15 de Ezequiel presenta una alegoría breve pero impactante: la vid inútil. A diferencia de otros árboles cuya madera es fuerte y sirve para construir herramientas o muebles, la madera de la vid carece de valor estructural; su única razón de ser y su único valor radican en producir fruto.
Si una vid no da uvas, su madera no sirve para nada, excepto para ser arrojada al fuego. Si además se quema por ambos extremos, resulta totalmente inservible.Aplicado a la actualidad,
Ezequiel 15 ofrece una lección contundente sobre la autenticidad, el propósito
y las falsas seguridades en la vida humana y comunitaria:
En una sociedad obsesionada
con los títulos, la reputación y la apariencia, la parábola de la vid recuerda
que la identidad sin función real carece de valor. Ser "especial" o
tener una posición de privilegio (como Israel, considerado la vid elegida) no
garantiza nada si no se cumple el propósito para el cual se existe.
Hoy en día, las instituciones,
líderes o individuos que se vanaglorian de su estatus, pero no aportan fruto
positivo al mundo, como justicia, bondad y solidaridad, quedan reducidos a esa
madera inútil.
Israel confiaba en su
distinción histórica, creyendo que su posición los hacía intocables. La lección
de Ezequiel desmonta el orgullo espiritual y moral: la gracia y las
oportunidades recibidas no son para ostentación, sino para servir y transformar
el entorno. Cuando las capacidades, talentos o recursos no se traducen en
acciones constructivas hacia los demás, la ventaja inicial se evapora por
completo.
Ezequiel describe la vid
quemada en las puntas y consumida en el centro. El fuego representa la prueba y
la adversidad. Las crisis no destruyen el valor de lo que es sólido, pero
exponen la fragilidad de lo que ya era inútil antes del fuego. Las estructuras
personales, éticas o sociales construidas sobre la vacuidad y el egoísmo
colapsan estrepitosamente cuando enfrentan presiones reales.
La enseñanza central para hoy
es la urgencia de dar fruto auténtico. El valor de la vida no reside en lo que
acumulamos, aparentamos o pretendemos ser, sino en la empatía, el impacto
positivo en el prójimo, la integridad y el compromiso con la verdad.
En conclusión, Ezequiel 15
invita a un examen directo de la propia vida. No basta con ocupar un lugar en el
huerto ni con ostentar una categoría ilustre; el único indicador real de
significancia es el fruto moral y espiritual que dejamos a nuestro paso.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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