sábado, 22 de agosto de 2026

Un momento... La soberanía de Dios sobre el mundo

 


UN MOMENTO CON DIOS

La soberanía de Dios sobre el mundo

 

 

El capítulo 46 de Jeremías inicia una importante serie de oráculos proféticos dirigidos a las naciones paganas, comenzando de manera contundente con el juicio sobre Egipto. En este pasaje se relata la aplastante derrota del ejército del faraón Necao en la batalla de Carquemis a manos de Nabucodonosor.

A través de este poema profético de tono épico e irónico, Dios revela profundas enseñanzas sobre el orgullo humano, la soberanía divina sobre la historia geopolítica y la preservación del pueblo elegido.

Egipto es retratado en este capítulo como una potencia arrogante que se compara con la crecida majestuosa del río Nilo, vanagloriándose de su fuerza militar y de su capacidad para inundar y conquistar la tierra. Sin embargo, Dios desafía esa soberbia. A pesar de preparar sus carros, escudos y caballos con pompa, el ejército egipcio entra en pánico, huye en desorden y sufre una humillación total. La enseñanza es clara y universal, la altivez humana y la confianza ciega en las riquezas, el poder armamentístico o la reputación terrenal son ilusiones frágiles. Ante el juicio de Dios, ningún imperio o individuo puede sostenerse sobre la base de su propia vanagloria.

Este oráculo demuestra que el Dios de Israel no es una deidad local confinada a un territorio geográfico específico, sino el Soberano absoluto de todas las naciones. El ascenso y la caída de los imperios no obedecen al azar ni a la mera estrategia política; es el Señor de los ejércitos quien decreta los tiempos, utiliza a las potencias mundiales como instrumentos de su diseño y exige rendición de cuentas a toda nación por su maldad e idolatría. Dios gobierna el curso de la historia humana de principio a fin.

El capítulo concluye con una nota de inmenso consuelo dirigida a Israel: "Tú pues, siervo mío Jacob, no temas... porque yo estoy contigo" (Jeremías 46. 27 - 28). Dios asegura a su pueblo que, aunque destruirá por completo a las naciones adonde los ha dispersado, a ellos no los destruirá del todo, sino que los castigará con justicia y con medida. Esta enseñanza resalta la diferencia entre el juicio punitivo sobre la soberbia del mundo y la disciplina paternal y redentora sobre los suyos, garantizando que el propósito final de Dios para su pueblo es la salvación y la restauración.

Jeremías 46 nos enseña a derribar todo orgullo personal, a no poner la confianza en los poderes efímeros de este mundo y a descansar en la soberanía de Dios, sabiendo que su disciplina siempre busca purificarnos y que sus promesas de preservación son inquebrantables.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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