domingo, 9 de agosto de 2026

Un momento... El destino final de la humanidad: Juicio y Salvación

 


UN MOMENTO CON DIOS

El destino final de la humanidad: Juicio y salvación

Isaías 66

 

El capítulo 66 de Isaías cierra el libro profético con una visión solemne sobre la soberanía de Dios, la separación entre los impíos y los justos, y la gloria eterna reservada para los creyentes. Este pasaje final resume el gran tema de toda la profecía: la santidad divina frente a la rebelión humana y el triunfo definitivo de la gracia.

El capítulo abre recordando que los cielos son el trono de Dios y la tierra el estrado de sus pies. Ningún templo físico construido por manos humanas puede contener su grandeza. Dios rechaza la religiosidad hipócrita de quienes ofrecen sacrificios mientras mantienen un corazón rebelde.

En cambio, el Señor revela a quién mira con favor:

El humilde y quebrantado de espíritu. Aquel que reconoce su dependencia absoluta de la gracia divina.

El que tiembla ante su palabra. Quien recibe la verdad con reverencia y obediencia sincera, marcando la diferencia con los practicantes de una fe puramente formal.

El profeta describe la venida del Señor en fuego para ejecutar juicio sobre quienes persistieron en la idolatría, la desobediencia y la hipocresía. La justicia de Dios no es arbitraria; es la respuesta santa ante el rechazo deliberado de su verdad. El pasaje concluye con una severa advertencia sobre las consecuencias eternas de apartarse de Dios, mostrando que el mal no prevalecerá indefinidamente.

En contraste con el juicio, Dios promete extender sobre su pueblo una paz semejante a un río navegable. El pasaje anuncia la creación de cielos nuevos y tierra nueva que permanecerán para siempre delante del Creador. De todas las naciones y lenguas vendrán adoradores para contemplar su gloria, formando una comunidad redimida universal.

Isaías 66 enseña que la historia humana se encamina hacia un desenlace definitivo. Nos desafía a abandonar la apariencia religiosa, cultivar un corazón humilde ante las Escrituras y vivir con la esperanza firme en el establecimiento del reino eterno de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

 

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