UN MOMENTO CON DIOS
La responsabilidad de dejar
testimonio
El capítulo 2 de Ezequiel relata el momento en que el profeta, estando en el exilio, es investido por el Espíritu y enviado a proclamar la palabra de Dios ante una nación rebelde y de corazón empedernido. Este llamamiento contiene principios profundos que interpelan directamente la vida espiritual, ética y profesional en la sociedad contemporánea.
Dios advierte de antemano a
Ezequiel que será enviado a un pueblo terco, calificado como una nación de
rebeldes. No se le promete éxito numérico, aplausos ni popularidad, sino la
encomienda de ser fiel a la verdad. En la era actual, dominada por la búsqueda
constante de aprobación externa, likes y consensos superficiales, este pasaje
recuerda que los llamados auténticos y las convicciones éticas no deben
supeditarse a la aceptación de la mayoría. Cumplir un propósito noble exige
sostener principios sólidos aun cuando el entorno resulte adverso o
indiferente.
El texto utiliza la metáfora
de vivir entre espinas y escorpiones para ilustrar el ambiente hostil al que se
enfrentaría el profeta. Dios le repite en varias ocasiones una orden clara: «no
tengas miedo de ellos, ni tengas miedo de sus palabras». En la actualidad,
defender la justicia, la integridad o la verdad en entornos de trabajo, estudio
o vida social a menudo genera oposición, críticas o marginación. La lección de
Ezequiel enseña que el temor no debe paralizar la acción constructiva ni ahogar
la voz de la conciencia.
Al final del capítulo, se le extiende
a Ezequiel un rollo escrito con lamentaciones y ayes, y se le ordena no ser
rebelde como el pueblo. Para comunicar un mensaje transformador, primero se
debe interiorizar y vivir conforme a él. En una época marcada por el discurso
vacío, la hipocresía y la proliferación de opiniones sin fundamento, esta
enseñanza subraya la necesidad de la coherencia personal. No es posible exigir
cambio, ética o rectitud a los demás si previamente no se han asumido y
practicado esos mismos valores.
Dios le asegura a Ezequiel
que, escuchen o no, los rebeldes «sabrán que hubo profeta entre ellos». La
función del enviado no es forzar la respuesta de las personas, sino garantizar
que la verdad sea expuesta claramente. Para la sociedad contemporánea, esto
despoja de la ansiedad del resultado inmediato y reorienta el enfoque hacia el
deber cumplido. La responsabilidad individual radica en sembrar el bien,
denunciar la injusticia y actuar con rectitud, dejando la decisión final y sus
consecuencias en manos de cada individuo.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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