UN MOMENTO CON DIOS
Los ídolos modernos
El capítulo 8 de Ezequiel describe una visión reveladora, Dios lleva al profeta al interior del Templo de Jerusalén para mostrarle las abominaciones que los líderes y el pueblo cometían en secreto. En los rincones más sagrados se practicaba el culto a imágenes talladas, el lamento por la deidad pagana Tamuz y la adoración al sol de espaldas al altar.
La enseñanza central de este pasaje para el mundo actual trasciende el contexto histórico y expone la naturaleza sutil pero devastadora de la idolatría contemporánea.La tragedia en Ezequiel 8 no
ocurre fuera de la ciudad, sino dentro de la casa de Dios. Trasladado a la
actualidad, esto advierte sobre la contaminación del espacio interior y de las
instituciones espirituales o morales. El mayor riesgo para la fe y los valores
éticos raras veces proviene de ataques externos, sino del compromiso silencioso
con ideas y comportamientos corruptos dentro de la propia vida o comunidad.
El profeta observa a los
ancianos rindiendo culto en la oscuridad, creyendo que nadie los ve.
Hoy en día, esas «cámaras
ocultas» representan la compartimentación de la vida, una fachada de integridad
o religiosidad en público, mientras en el ámbito privado, en el anonimato
digital o en los pensamientos no gestionados, se rinde culto a pasiones
desordenadas, la pornografía, la codicia o el ego. El texto recuerda que la
verdadera naturaleza del individuo se revela en aquello que cultiva a puerta
cerrada.
Un ídolo no es solo una
estatuilla de madera o piedra; es cualquier creación, deseo o concepto al que
se le otorga el lugar supremo en la vida. En la actualidad, la adoración al sol
o a Tamuz toma la forma de:
El materialismo y el éxito
individual: Colocar el estatus financiero por encima de la justicia y la
empatía.
El culto a la imagen: La
búsqueda obsesiva de aprobación, belleza física o influencia en redes sociales.
El poder y la ideología: Poner
la lealtad política o doctrinal por encima de la verdad y el amor al prójimo.
Los ancianos del relato
decían: «El Señor no nos ve». Este razonamiento expone la capacidad humana para
racionalizar la falta ética cuando la justicia no parece inmediata. Ezequiel 8
desmonta ese autoengaño: la indiferencia moral genera el retiro gradual de la
Presencia divina y la erosión del sentido de la vida.
En conclusión, Ezequiel 8
invita a un minucioso examen de conciencia. Desmantelar las imágenes ocultas en
el corazón y alinear lo privado con lo público es el único camino para
preservar la autenticidad espiritual y moral en la sociedad actual.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario