UN MOMENTO CON DIOS
No nos desanimemos hay
esperanza en Dios
“Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimidas”. (Deuteronomio 31. 8)
Moisés lo tenía todo para
estar desanimado. Aunque lo hizo todo bien, parte del pueblo se rebeló contra
él y contra Dios.
En cuanto a nosotros, también
podemos desanimarnos, aunque por motivos distintos.
Nos desanimamos porque vivimos
en un mundo corrompido por el pecado, lo que significa que a menudo luchamos y
no ganamos.
Nos desanimamos porque,
atacados desde dentro y también desde fuera, nuestro cuerpo físico y nuestra
mente llegan a sus límites. Hay actitudes a nuestro alrededor que minan nuestra
energía, como podría ser la incomprensión en casa, una amistad que se ha
perdido, o la envidia en el trabajo. Nuestro cuerpo es frágil ante tantos
golpes.
Nos desanimamos porque,
habiendo oído las promesas de Dios y habiendo creído en ellas, no vemos que se
materialicen en nuestra vida y entonces dudamos de nuestra propia fe, que ya no
se alimenta de las pequeñas cosas, que recibimos día a día pero que no
logramos. ver como una bendición.
Nos desanimamos porque nos
exigimos demasiado a nosotros mismos, intentando soportar un peso superior a la
capacidad de nuestros hombros. También perdemos el regocijo, porque nos
agotamos debido a demasiados compromisos o a la dificultad de parar y descansar
un rato.
Nos desanimamos porque hicimos
lo correcto por razones equivocadas y ahora hemos perdido el interés en seguir
haciendo lo correcto. Es una motivación equivocada, por ejemplo, obedecer a
Dios para merecer su bendición, agradecer a alguien un favor para recibir más,
actuar sólo por el resultado o actuar como si todo dependiera de nosotros.
Y es que podemos perderlo
todo, pero lo no podemos perder de vista es quién es Dios y cuán grande es la
inmensidad de Su amor.
Si queremos reencantarnos con
la vida, la primera tarea es reencantarnos con Dios, recordando la naturaleza
de nuestro Padre Celestial, quién es toda bondad, misericordia y amor, teniendo
siempre presente que se preocupa por nosotros y tiene todo el poder para
librarnos de todas esas. batallas que desgastan nuestra esperanza, nuestra
alegría y nuestro bien.
No nos desanimemos, confiemos.
No tengamos miedo, perseveremos. No perdamos la esperanza, recuperemos la
fortaleza en las promesas maravillosas que sólo nuestro Padre de los Cielos ha
hecho para nosotros, sus hijos amados.
Dios les bendiga
abundantemente.
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