viernes, 21 de febrero de 2025

Un momento... Como juzgamos a los demás

 


UN MOMENTO CON DIOS

Como juzgamos a los demás

 

“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7. 3)

 

Jesús como gran maestro utilizaba en sus parábolas, la hipérbole, esa exageración para dar énfasis, y hace llegar al pueblo casi tribal de aquella época, la profundidad de sus ideas. Aquí el punto es casi anecdótico, pero al mismo tiempo, muy real para ilustrar la situación. La figura de un objeto tan pequeño situado en el ojo del interlocutor al que observamos, aclara su argumento en el versículo de hoy. Para que una persona vea una paja en el ojo ajeno, debe estar extremadamente cerca y buscando algo. ¿Por qué tendría que estar tan cerca y convencido de querer encontrar algún defecto? Lo que Jesús está condenando es el espíritu crítico, la actitud que sólo puede ver defectos en los demás, o que, al ver los errores ajenos, juzga inmediatamente a la persona con dureza y hasta inconscientemente, muchas veces, con mala intención. 

Es una verdad general que la persona que habitualmente juzga a los demás con rigor aún no ha visto cuán grandes son sus propias faltas y defectos. Aunque hay personas que sobresalen en esto, la mayoría de nosotros todavía tendemos a ver nuestra propia injusticia a través de una lente estrecha mientras que vemos la injusticia ajena a través de una lupa. 

Pero El Señor, en su insondable sabiduría, nos ofrece la solución definitiva, para esa actitud reticente de apuntar a nuestros hermanos: mirar a los demás con la misericordia que queremos que Dios nos muestre. Dos cosas que no deberíamos juzgar son los motivos de los demás (1 Corintios 4. 5), y las cuestiones de costumbre y opinión personal (Romanos 14. 1 - 8). Cuando haya error, actuemos con mansedumbre (Gálatas 6. 1) y juzguemos con misericordia (Colosenses 3. 13). Y empecemos por mirarnos a nosotros mismos. Cuando nos demos cuenta de lo mucho que hay para cambiar en nuestro propio interior, estaremos mucho más capacitados para ayudar a los demás, y honraremos de esa forma, en mayor y más medida a nuestro Padre de los Cielos que, con su misericordia infinita, cuando nos alejamos de sus caminos, dulcemente nos dirige nuevamente hacia Él, abriendo a nosotros, sus brazos de amor incondicional.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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