martes, 18 de febrero de 2025

Un momento... No hay excusa para el desánimo

 


UN MOMENTO CON DIOS

No hay excusa para el desánimo

 

“Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; La cual, no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”. (Proverbios 6. 6 – 8)

 

Cómo seres humanos tenemos períodos en los que nuestra motivación puede tambalear. El peso de la rutina sobre nuestros hombros, y nuestras energías agotadas, pueden sembrar en nuestra mente la sensación de no poder avanzar más allá. Este sentimiento de agotamiento debe ser tomado con mucha precaución porque la deformación del mismo, es el mal de la pereza. Pasamos de la desmotivación venida por falta de energías, al punto de vista de que ya “no queremos” o “no nos apetece” realizar, tal o cual, actividad. Esta forma de pensar se incrusta en nuestra vida y la próxima fase de ella, es quedarnos paralizados, en una falsa sensación de comodidad, guardando que otras personas o instituciones resuelvan nuestra situación.

Por ello debemos estar alerta, cuando el mal de la pereza o la falta de voluntad, toca a nuestra fuerza, confundiéndose con una ilusión de desmotivación. Es una realidad que Dios comprende nuestras limitaciones e incapacidades; sin embargo, nunca dejar de agradarse por las cosas que, con los dones que Él nos ha dado, podíamos haber hecho por nosotros mismos y por los demás. Y es que lo menos que espera El Señor de nosotros, es que demos lo mejor de nosotros mismos y que vivamos con disciplina, propósito y la motivación de glorificarle.

Quizás tengamos excusas para estar desmotivados o desanimados hoy. Sin embargo, a la hora de la verdad, podemos elegir cómo responder a nuestras circunstancias. Podemos permitir que nuestros problemas nos derroten, o podemos utilizarlos como una oportunidad para hacer crecer nuestra fe en Dios. David escribió en el Salmo 119. 71: “Bueno me es haber sido humillado, Para que aprendas tus estatutos”. No dejemos que el enemigo reclame la victoria sobre nosotros desentendiéndonos de la vida. En lugar de eso, abracemos la asombrosa esperanza de Jesucristo y empecemos a vernos como Él nos ve: preciosos, redimidos, talentosos y capaces. Puede que El enemigo ponga en nuestra mente, sentimientos de inutilidad, de que poseemos poco valor, nos diga que no servimos, pero es un mentiroso y no tiene derecho a mantenernos en cautiverio. Desde el punto de vista de Dios, somos un diamante en bruto, listo para ser pulido y reflejar para gloria del Señor, el mayor de los brillos. Por tanto, pongamos manos a la obra y reclamemos la vida abundante que Dios tiene para nosotros (Juan 10. 10)

Dios les bendiga abundantemente.

 

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