Este capítulo revela que antes de las batallas los israelitas habían jurado no casar a sus hijas con los benjamitas. Fue una promesa poco pensada, formulada en el ardor del momento.
Para decidir qué se debía hacer, los israelitas se reunieron en Mizpa. Llegaron de todo el territorio de Israel, desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, y también del lado oriental del Jordán.
Cuando se arruinó la fe en Dios de los israelitas, también se arruinó su unidad como nación. Si hubieran obedecido a Dios y confiado en que cumpliría sus promesas, habrían poseído toda la tierra. Pero cuando olvidaron incluirlo a El en sus vidas, perdieron su propósito y muy pronto «cada uno hacía lo que bien le parecía».
El capítulo 17 narra cómo Micaías consiguió una imagen de talla y un levita como sacerdote; Relata cómo los danitas le robaron la imagen y el levita, y los instalaron en su nuevo santuario.