UN MOMENTO CON DIOS
Fidelidad innegociable
Daniel ocupa una posición de altísima responsabilidad en el imperio medo-persa. Su intachable conducta y su «espíritu superior» despiertan la envidia de otros gobernantes, quienes, al no hallar tacha ni corrupción en su gestión, deciden tramar una trampa utilizando su fe. Logran que el rey promulgue un edicto irrevocable: durante treinta días nadie podrá hacer petición a ningún dios u hombre, excepto al propio rey.
A pesar de la amenaza de
muerte, Daniel no altera sus hábitos espirituales, abre sus ventanas hacia
Jerusalén y ora a Dios tres veces al día. Arrojado al foso de los leones por
mantener su fidelidad, Dios envía a su ángel para cerrar las fauces de las
fieras, librándolo completamente.
La vida de Daniel muestra una
integridad irreprochable en la vida pública, enseña que el testimonio del
creyente en el ámbito laboral, profesional y social debe ser de tal excelencia
que la única acusación posible responda a su fidelidad a Dios. La ética sólida
es el primer argumento de la fe.
Daniel no buscó la
confrontación, pero tampoco escondió su fe para proteger su estatus o su vida.
En una era donde las presiones sociales y culturales invitan a componendas
éticas o al abandono de los valores cristianos, esta historia desafía a
mantener una postura firme y coherente.
La oración como disciplina
vital, no como último recurso. La costumbre de Daniel de orar diariamente no
nació como respuesta al peligro, sino como una disciplina constante. La fuerza
para sostenerse en las grandes pruebas se cultiva en la intimidad cotidiana de
la oración.
La soberanía protectora de
Dios. Aunque la fe no exime a los creyentes de enfrentar «fosos» o situaciones
amenazantes, la historia demuestra que Dios tiene el poder de intervenir en las
circunstancias más hostiles. Él guarda a quienes confían plenamente en su
nombre.
El impacto del testimonio
firme. La liberación de Daniel llevó al propio rey pagano a promulgar un
decreto reconociendo al Dios vivo cuyo reino no será jamás destruido. La
fidelidad de un solo individuo puede transformar la perspectiva de toda una
comunidad.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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