domingo, 13 de septiembre de 2026

Un momento... Fidelidad innegociable

 


UN MOMENTO CON DIOS

Fidelidad innegociable

 

Daniel ocupa una posición de altísima responsabilidad en el imperio medo-persa. Su intachable conducta y su «espíritu superior» despiertan la envidia de otros gobernantes, quienes, al no hallar tacha ni corrupción en su gestión, deciden tramar una trampa utilizando su fe. Logran que el rey promulgue un edicto irrevocable: durante treinta días nadie podrá hacer petición a ningún dios u hombre, excepto al propio rey.

A pesar de la amenaza de muerte, Daniel no altera sus hábitos espirituales, abre sus ventanas hacia Jerusalén y ora a Dios tres veces al día. Arrojado al foso de los leones por mantener su fidelidad, Dios envía a su ángel para cerrar las fauces de las fieras, librándolo completamente.

La vida de Daniel muestra una integridad irreprochable en la vida pública, enseña que el testimonio del creyente en el ámbito laboral, profesional y social debe ser de tal excelencia que la única acusación posible responda a su fidelidad a Dios. La ética sólida es el primer argumento de la fe.

Daniel no buscó la confrontación, pero tampoco escondió su fe para proteger su estatus o su vida. En una era donde las presiones sociales y culturales invitan a componendas éticas o al abandono de los valores cristianos, esta historia desafía a mantener una postura firme y coherente.

La oración como disciplina vital, no como último recurso. La costumbre de Daniel de orar diariamente no nació como respuesta al peligro, sino como una disciplina constante. La fuerza para sostenerse en las grandes pruebas se cultiva en la intimidad cotidiana de la oración.

La soberanía protectora de Dios. Aunque la fe no exime a los creyentes de enfrentar «fosos» o situaciones amenazantes, la historia demuestra que Dios tiene el poder de intervenir en las circunstancias más hostiles. Él guarda a quienes confían plenamente en su nombre.

El impacto del testimonio firme. La liberación de Daniel llevó al propio rey pagano a promulgar un decreto reconociendo al Dios vivo cuyo reino no será jamás destruido. La fidelidad de un solo individuo puede transformar la perspectiva de toda una comunidad.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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