martes, 22 de septiembre de 2026

Un momento... La paciencia de Dios tiene un propósito

 


UN MOMENTO CON DIOS

La paciencia de Dios tiene un propósito

 

«El Señor es lento para la ira y grande en poder, y el Señor de ninguna manera dejará impune al culpable». (Nahúm 1.3)

 

 

El versículo Nahúm 1.3 nos enseña que Dios es lento para la ira y grande en poder, pero no dejará impune al culpable.

El libro de Nahúm profetiza la caída de Nínive, la capital del imperio asirio. Cien años antes, en los días del profeta Jonás, Nínive se había arrepentido y Dios le había mostrado misericordia. Sin embargo, con el pasar de las décadas, la ciudad olvidó ese arrepentimiento, volvió a la violencia extrema, a la crueldad y a la arrogancia contra Dios.

Cuando leemos que «el Señor es lento para la ira», vemos el carácter paciente de Dios. Él no salta rápidamente a castigar; da tiempo, ofrece oportunidades y espera que el ser humano se vuelva de su mal camino. Esa paciencia es una muestra de su inmensa gracia.

Pero el texto añade una verdad que no debemos ignorar: «y de ninguna manera dejará impune al culpable». La paciencia de Dios no significa debilidad, indiferencia ni complicidad con el pecado. Significa que el juicio se detiene para dar espacio al perdón, pero si el corazón endurecido persiste en la maldad de forma definitiva, la justicia perfecta se manifestará en su tiempo exacto.

Su paciencia es una invitación al cambio: Si hoy toleramos errores o alejamiento de Dios, su tardanza en juzgar no es permiso para continuar, sino una ventana de gracia para arrepentirnos.

La justicia divina es segura: En los momentos de angustia o cuando vemos injusticia a nuestro alrededor, este versículo es un refugio. Nos recuerda que el mal no tendrá la última palabra para siempre.

Confianza y reverencia: Saber que Dios es «grande en poder» nos enseña a vivir con un sano temor de Dios, respetando su santidad y refugiándonos en su amor a través de Cristo, quien llevó sobre sí la culpa que merecíamos.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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