UN MOMENTO CON DIOS
La honestidad que abraza a
Dios
«¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré y no oirás? ¿Y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?» (Habacuc 1. 2)
A veces miramos a nuestro
alrededor y sentimos que el mundo se desmorona. Vemos injusticias, dolor y
problemas que parecen no tener fin. En esos momentos, es normal sentir silencio
de parte de Dios.
El nombre Habacuc significa
«el que abraza». Y lo hermoso de este profeta es que no ocultó su frustración.
Él no usó palabras bonitas ni fingió que todo estaba bien. Fue directo, honesto
y valiente para presentar su dolor y sus dudas cara a cara ante el Creador.
Después de que Habacuc eleva
su queja, Dios no lo regaña por preguntar; al contrario, le responde y le pide
algo muy específico en el versículo 2: «Escribe la visión, y márcala en tablas,
para que corra el que leyere en ella». Dios le muestra que la injusticia no
tendrá la última palabra y le pide que espere, porque la respuesta llegará sin
falta.
A veces esperamos que Dios
actúe con la misma prisa o del modo exacto en que nosotros lo planeamos. Sin
embargo, el Señor le recuerda al profeta que el orgullo humano cae por su
propio peso, pero la vida del creyente se sostiene de una sola cosa: la
confianza absoluta en Él. Vivir por la fe significa no depender de lo que ven
nuestros ojos hoy, sino de la fidelidad eterna de Dios.
Dios no se enoja porque le
digamos la verdad de lo que sentimos. Al contrario, nos invita a llevarle
nuestras cargas. La oración honesta es el primer paso para transformar la queja
en una profunda confianza.
Está bien no entender todo,
Dios es más grande que nuestras dudas. Podemos cuestionar las circunstancias
sin perder la fe en Su bondad.
En lugar de alejarnos de Dios
por la frustración, debemos acudir a Él como nuestro refugio y desahogo.
Aunque parezca que Dios calla,
Él siempre tiene el control de la historia y actúa en Su tiempo perfecto.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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