miércoles, 30 de septiembre de 2026

Un momento... La astilla en el ojo ajeno

 


UN MOMENTO CON DIOS

La astilla en el ojo ajeno

 

Jesús nos enseña «no juzguéis, para que no seáis juzgados», acompañado de la vívida metáfora de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, ofrece una de las reflexiones éticas más penetrantes y necesarias para la sociedad contemporánea.

En una era caracterizada por la hiper conexión digital, la cancelación y la polarización social, estas palabras desmantelan la inclinación humana hacia el juicio apresurado y la autosuficiencia moral.

El mandato de no juzgar no implica renunciar al discernimiento ni a la capacidad de diferenciar entre el bien y el mal. Lo que Jesús condena es la actitud inquisidora, la condena destructiva y el espíritu de superioridad que busca señalar las faltas ajenas para ocultar o ignorar las deficiencias propias. Hoy en día, la cultura de las redes sociales amplifica esta tendencia, resulta alarmantemente sencillo emitir opiniones categóricas, etiquetar a los demás y condenar errores ajenos desde el anonimato o la distancia, convirtiendo la crítica en un espectáculo cotidiano.

La imagen de la paja y la viga ilustra con precisión la distorsión cognitiva que produce la soberbia. La "paja" representa una falta menor o visible en el prójimo, mientras que la "viga" simboliza una ceguera espiritual o moral considerablemente mayor en quien juzga. La enseñanza revela que la obsesión por corregir a los demás suele ser un mecanismo de defensa para evadir la responsabilidad de la propia transformación. Quien pasa su tiempo examinando los defectos ajenos carece de la claridad necesaria para evaluar su propia vida con honestidad.

Aplicar este principio en la actualidad exige una profunda práctica de autoexamen e introspección. Antes de emitir un juicio severo sobre la conducta de un compañero, un familiar o una figura pública, la enseñanza de Mateo invita a detenerse y reflexionar sobre nuestras propias debilidades y limitaciones. Esta postura de humildad no debilita la justicia; por el contrario, la purifica, garantizando que cualquier corrección posterior nazca del amor, la empatía y el deseo genuino de restaurar, y no del afán de condenar.

Mateo 7. 1 - 3 propone una revolución en las relaciones interpersonales basada en la empatía y la autocrítica. En un mundo saturado de tribunales informales y condenas instantáneas, recordar este pasaje es una invitación a desarmar el dedo acusador y cultivar la misericordia. Reconocer la viga en nuestro propio ojo nos libra de la hipocresía y abre el camino para construir una comunidad más justa, humana y compasiva.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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