UN MOMENTO CON DIOS
La astilla en el ojo ajeno
Jesús nos enseña «no juzguéis, para que no seáis juzgados», acompañado de la vívida metáfora de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, ofrece una de las reflexiones éticas más penetrantes y necesarias para la sociedad contemporánea.
En una era caracterizada por
la hiper conexión digital, la cancelación y la polarización social, estas
palabras desmantelan la inclinación humana hacia el juicio apresurado y la
autosuficiencia moral.
El mandato de no juzgar no
implica renunciar al discernimiento ni a la capacidad de diferenciar entre el
bien y el mal. Lo que Jesús condena es la actitud inquisidora, la condena
destructiva y el espíritu de superioridad que busca señalar las faltas ajenas
para ocultar o ignorar las deficiencias propias. Hoy en día, la cultura de las
redes sociales amplifica esta tendencia, resulta alarmantemente sencillo emitir
opiniones categóricas, etiquetar a los demás y condenar errores ajenos desde el
anonimato o la distancia, convirtiendo la crítica en un espectáculo cotidiano.
La imagen de la paja y la viga
ilustra con precisión la distorsión cognitiva que produce la soberbia. La
"paja" representa una falta menor o visible en el prójimo, mientras
que la "viga" simboliza una ceguera espiritual o moral
considerablemente mayor en quien juzga. La enseñanza revela que la obsesión por
corregir a los demás suele ser un mecanismo de defensa para evadir la
responsabilidad de la propia transformación. Quien pasa su tiempo examinando
los defectos ajenos carece de la claridad necesaria para evaluar su propia vida
con honestidad.
Aplicar este principio en la
actualidad exige una profunda práctica de autoexamen e introspección. Antes de
emitir un juicio severo sobre la conducta de un compañero, un familiar o una
figura pública, la enseñanza de Mateo invita a detenerse y reflexionar sobre
nuestras propias debilidades y limitaciones. Esta postura de humildad no
debilita la justicia; por el contrario, la purifica, garantizando que cualquier
corrección posterior nazca del amor, la empatía y el deseo genuino de restaurar,
y no del afán de condenar.
Mateo 7. 1 - 3 propone una
revolución en las relaciones interpersonales basada en la empatía y la
autocrítica. En un mundo saturado de tribunales informales y condenas
instantáneas, recordar este pasaje es una invitación a desarmar el dedo
acusador y cultivar la misericordia. Reconocer la viga en nuestro propio ojo
nos libra de la hipocresía y abre el camino para construir una comunidad más
justa, humana y compasiva.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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