UN MOMENTO CON DIOS
El estigma y la culpa en el
sufrimiento
El relato de Juan 9 sobre la sanidad del hombre ciego de nacimiento ofrece una enseñanza trascendental para la sociedad actual sobre el sufrimiento humano, la percepción espiritual y la verdadera transformación personal.
El pasaje comienza cuando los
discípulos preguntan a Jesús quién pecó para que el hombre naciera ciego, si él
o sus padres. Jesús rompe de inmediato con la mentalidad punitiva de la época
al responder que no fue por pecado personal ni familiar, sino "para que
las obras de Dios se manifiesten en él". En la actualidad, esta
declaración desmonta la tendencia a buscar culpables o juzgar el dolor, las
crisis o las limitaciones ajenas como un castigo divino. En lugar de estigmatizar
a quienes sufren, Jesús enseña a abordar el sufrimiento humano como una
oportunidad para actuar con compasión y ser instrumentos de la gracia
restauradora de Dios.
La vida del hombre sanado
experimenta un crecimiento constante en su entendimiento de Jesús: al principio
lo reconoce simplemente como "el hombre que se llama Jesús", luego
como un "profeta", más tarde como alguien que "viene de
Dios" y, finalmente, se postra ante Él reconociéndolo como
"Señor". En contraste, los fariseos y líderes religiosos, atrapados
en sus dogmas y formalismos rígidos, rechazan el milagro porque ocurrió en el
día de reposo. Irónicamente, el hombre ciego termina viendo la verdad, mientras
que los que afirmaban ver con claridad permanecen sumidos en la ceguera
espiritual del orgullo y la incredulidad.
Cuando las autoridades
presionan e interrogan al hombre sanado para que desacredite a Jesús, él
responde con una afirmación sincera, valiente e irrefutable: "Una cosa sé:
que habiendo yo sido ciego, ahora veo". Para el creyente de hoy, este
pasaje enseña que la fe no se basa en debates teológicos complejos ni en
opiniones ajenas, sino en una experiencia personal y genuina con Cristo. La
verdadera sanidad que Jesús ofrece no solo transforma nuestra percepción de la
realidad y le da un nuevo propósito a nuestras limitaciones, sino que nos
capacita para ser testigos firmes de su luz y su verdad en medio de un mundo
confundido.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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