UN MOMENTO CON DIOS
Jesús: El Hijo de Dios
Jesús es el Hijo de Dios,
igual al Padre en naturaleza
Jesús afirma una relación de
intimidad y unidad absoluta con el Padre. Lejos de actuar de forma
independiente, declara que hace exactamente lo mismo que ve hacer al Padre. Al
decir "mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo", afirma poseer la
misma autoridad soberana que Dios sobre el sábado y el orden de la creación, lo
que sus oyentes entendieron claramente como una declaración de igualdad con
Dios.
Jesús es el Señor de la Vida
(El Vivificador)
Jesús revela que posee vida en
sí mismo, un atributo exclusivamente divino otorgado por el Padre. Tiene el
poder supremo y la autoridad para dar vida a quien él quiere, tanto en el
sentido espiritual presente como en la resurrección física futura. Escuchar su
palabra y creer en aquel que lo envió garantiza pasar de la muerte a la vida
eterna.
Jesús es el Juez Supremo de la
Humanidad
El Padre ha delegado todo el
juicio en el Hijo para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Jesús
afirma que llegará el momento en que todos los muertos oirán su voz y saldrán
de las tumbas: los que hicieron el bien para resurrección de vida, y los que
hicieron el mal para resurrección de condenación. Su juicio es justo porque no
busca su propia voluntad, sino la de Aquel que lo envió.
Jesús es el Cumplimiento de
las Escrituras
Para respaldar quién es, Jesús
no recurre únicamente a su propio testimonio, sino a cuatro testigos
irrefutables:
Juan el Bautista, quien dio
testimonio de la verdad.
Las obras y milagros que realiza,
los cuales demuestran que el Padre lo ha enviado.
El Padre mismo, quien ha dado
testimonio de él.
Las Escrituras y Moisés,
señalando que los textos sagrados no son un fin en sí mismos, sino que dan
testimonio de su persona y misión.
En síntesis, Juan 5 enseña que
Jesús es el Hijo Unigénito de Dios, igual con el Padre, poseedor de la vida,
Juez de la humanidad y el Mesías prometido a lo largo de toda la Escritura.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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