UN MOMENTO CON DIOS
El Peligro de la Indecisión
1 Reyes 18
En la historia de Elías en el Monte Carmelo, nos encontramos con un pueblo que ha caído en la complacencia espiritual, intentando caminar por dos senderos a la vez.
Uno de los puntos más agudos
del texto es la pregunta de Elías al pueblo: «¿Hasta cuándo claudicaréis
vosotros entre dos pensamientos?». Esta "claudicación" no era una
falta de fe absoluta, sino algo quizás más peligroso: el sincretismo. Los
israelitas querían la seguridad de Jehová, pero también los placeres y la
supuesta prosperidad que prometía el culto a Baal.
Esta reflexión es
dolorosamente actual. A menudo no rechazamos a Dios por completo, pero
intentamos "añadirle" otros ídolos, el éxito, la validación externa o
el control, creando una fe fragmentada que carece de poder.
Antes de que el fuego cayera
del cielo, Elías hizo algo fundamental: reparó el altar de Jehová que estaba
arruinado.
Mientras los profetas de Baal
gritaban y se herían en un frenesí desordenado, Elías actuó con precisión y
respeto a la tradición.
Usó doce piedras, recordando a
las doce tribus de Israel. Les recordó quiénes eran antes de que el fuego
pudiera recordarles quién era Dios.
Al empapar el sacrificio con
agua, Elías eliminó cualquier sospecha de truco humano. Dios brilla con más
fuerza cuando el escenario es humanamente imposible.
Cuando finalmente cae el
fuego, el propósito no es la destrucción de los profetas paganos, sino la
restauración del corazón del pueblo. El fuego de Dios no cayó sobre los
pecadores, sino sobre el sacrificio.
La respuesta de la multitud,
«¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!», marca el momento en que la claridad
reemplaza a la confusión.
Elías en el Monte Carmelo nos
enseña que Dios no está interesado en compartir el escenario de nuestra vida.
Él no busca ser una opción en una lista de prioridades, sino el fundamento
sobre el cual se construye todo lo demás. La reflexión final para nosotros hoy
es: ¿Qué altares en nuestra vida necesitan ser reparados para que el fuego de una
fe auténtica vuelva a arder? La fe verdadera no requiere gritos ni ritos
vacíos, sino la disposición de presentar un sacrificio y dejar que Dios sea,
soberanamente, Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario