UN MOMENTO CON DIOS
El Corazón del Maestro
Juan 17
Juan 17 no es solo una oración; es un testamento espiritual. En el umbral de Getsemaní, con la sombra de la cruz proyectándose sobre Su camino, Jesús no se enfoca en Su propio sufrimiento, sino en el destino de aquellos que dejaría atrás. Esta oración revela las prioridades de Cristo para Su iglesia en todos los tiempos.
Jesús comienza definiendo la
vida eterna de una manera revolucionaria: "Y esta es la vida eterna: que
te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado" (Juan 17. 3)
La enseñanza aquí es profunda,
la salvación no es solo un destino después de la muerte, sino una relación
presente. Ante Su partida, Jesús desea que Sus discípulos entiendan que Su
ausencia física no significa el fin de la comunión. Al contrario, Su obra en la
cruz abriría el camino para que el ser humano conociera íntimamente al Creador.
Nuestra mayor prioridad debe ser cultivar ese conocimiento personal, más allá
de la religión formal.
Una de las peticiones más
impactantes de Jesús es: "No ruego que los quites del mundo, sino que los
guardes del mal" (Juan 17. 15). Jesús reconoce la tensión en la que
vivirían Sus seguidores. No estamos llamados al aislamiento en monasterios
espirituales, sino a ser agentes de cambio en medio de una cultura hostil.
La clave para resistir la
corriente del mundo es la Palabra. Jesús dice: "Santifícalos en tu verdad;
tu palabra es verdad" (v. 17). La santidad no es una lista de
prohibiciones, es estar "apartados para un propósito". Nuestra
protección contra el mal no reside en nuestras fuerzas, sino en permanecer
anclados en la verdad de las Escrituras mientras cumplimos nuestra misión en la
sociedad.
Finalmente, Jesús ruega por
algo que sigue siendo el mayor desafío de la cristiandad: la unidad. "Para
que todos sean uno... para que el mundo crea que tú me enviaste" (v. 21)
La actitud de Jesús nos enseña
que la unidad no es uniformidad de opiniones, sino unidad de propósito y amor.
La división entre los
creyentes es el mayor obstáculo para el evangelismo. Según esta oración, el
mundo no creerá por nuestros argumentos lógicos, sino por la calidad de nuestro
amor mutuo. La unidad es el "argumento final" que valida la misión de
Cristo ante un mundo escéptico.
La oración de Juan 17 nos deja
un legado de seguridad y responsabilidad. Estamos seguros porque Cristo mismo
intercedió por nuestra preservación; somos responsables porque llevamos Su
nombre en un mundo que necesita conocer al Padre.
En medio de nuestras pruebas,
recordemos que Jesús ya oró por nosotros. No estamos solo en el
"mundo".
Dios les bendiga
abundantemente.

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