UN MOMENTO CON DIOS
Dios restaura lo que se nos
quitó
2 Reyes 8
El capítulo 8 de 2 Reyes nos presenta un milagro que se distingue de las demostraciones de poder sobrenatural sobre la naturaleza o la muerte. Se trata de la historia de la mujer sunamita a quien Eliseo, años atrás, le había devuelto la vida a su hijo, y cómo Dios orquestó las circunstancias para devolverle sus tierras.
Eliseo ya había advertido a la
mujer sobre una hambruna de siete años que vendría sobre la tierra. Aquí vemos
la faceta del profeta como consejero y protector. La mujer, demostrando una fe
que ya había sido probada, no cuestiona la palabra de Eliseo; simplemente
empaca sus pertenencias y se marcha a vivir entre los filisteos.
Esta obediencia es una lección
de desprendimiento. A veces, para salvar lo esencial (la vida y la familia),
debemos estar dispuestos a soltar temporalmente nuestras posesiones y nuestra
comodidad. La sunamita nos enseña que la seguridad no reside en la tierra que
pisamos, sino en la palabra de Dios que nos guía.
Siete años después, al
regresar de la tierra de los filisteos, la mujer se dirige al rey para implorar
por su casa y sus tierras, que probablemente habían sido confiscadas o
invadidas. En ese preciso instante, ocurre lo que el mundo llamaría una
"coincidencia", pero que la fe identifica como providencia.
El rey Joram estaba hablando
con Giezi, el criado de Eliseo, pidiéndole que le contara las "grandes
cosas que ha hecho Eliseo". Justo cuando Giezi relataba cómo el profeta
había resucitado a un muerto, la mujer involucrada en el milagro entró en la
sala. La reflexión aquí es sobre la soberanía de Dios en los detalles, Dios no
solo hace milagros en el pasado, sino que prepara el escenario en el presente
para que esos milagros sigan dando fruto.
El testimonio de la mujer y de
Giezi conmovió al rey. Este episodio nos recuerda el poder de nuestra historia.
La sunamita no recuperó sus tierras por un proceso legal complejo, sino por el
testimonio vivo del poder de Dios en su vida.
A menudo subestimamos nuestras
experiencias con Dios, pero este relato nos enseña que contar lo que Él ha
hecho puede abrir puertas ante autoridades y restaurar lo que hemos perdido. El
rey, impresionado por la evidencia directa de la obra de Eliseo, no solo le
devolvió sus tierras, sino también todos los frutos de los campos desde el día
que ella se fue. Dios no solo restaura el capital, sino también los intereses
del tiempo perdido.
En una sociedad donde una
mujer sola tenía pocas probabilidades de ganar un pleito legal contra el estado
u ocupantes ilegales, Dios interviene como su abogado defensor. Este milagro nos
dice que a Dios le importa la justicia social y la restitución de la propiedad
de aquellos que le han sido fieles.
La reflexión del capítulo 8
nos invita a confiar en que Dios está trabajando detrás de escena. El milagro
de la sunamita es un mensaje de esperanza para quienes sienten que han perdido
años de esfuerzo o posesiones debido a crisis externas. Nos enseña que Dios
tiene el control de los tiempos en el calendario, y que es capaz de orquestar
encuentros divinos para que recuperemos, con creces, todo lo que la
"hambruna" de la vida nos quitó.
Dios les bendiga
abundantemente.

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