UN MOMENTO CON DIOS
El amor ante la traición
Juan 18. 1 - 11
Jesús sabía todo lo que le iba a sobrevenir. No era una víctima de las circunstancias, sino el protagonista de un plan redentor. Cuando la corte de soldados y alguaciles llega con linternas y armas, Jesús no se esconde. Él toma la iniciativa y pregunta: "¿A quién buscáis?".
La respuesta de Jesús,
"Yo soy" (Ego Eimi), es una revelación de su divinidad. Es tan
impactante que el texto narra cómo los soldados retrocedieron y cayeron a
tierra.
Aquí reside la primera
enseñanza: Nada de lo que enfrentamos escapa al conocimiento de Dios. Incluso
en nuestros momentos de "arresto" o crisis, Dios sigue siendo el
soberano.
Judas llega con un ejército,
pero Jesús responde con cuidado pastoral. A pesar de estar frente a su propia
muerte, su preocupación inmediata son sus discípulos. Al decir "si me
buscáis a mí, dejad ir a estos", Jesús cumple su palabra de no perder a
ninguno de los suyos.
Esta actitud nos enseña sobre
la lealtad divina frente a la traición humana. Mientras Judas utiliza el
conocimiento que tenía de los lugares de oración de Jesús para entregarlo,
Jesús utiliza su poder para liberar a sus amigos. La traición duele, pero la
protección de Cristo es superior a cualquier abandono.
El conflicto alcanza su punto
álgido con la reacción de Pedro, quien corta la oreja de Malco. Es la respuesta
humana típica, defendernos con "espadas", usar la fuerza contra la
injusticia o reaccionar desde el miedo.
Sin embargo, Jesús reprende a
Pedro con una pregunta que define toda la ética cristiana: "La copa que el
Padre me ha dado, ¿no la he de beber?".
La sumisión no es debilidad,
Jesús tenía legiones a su disposición, pero eligió la obediencia.
Aceptar la "copa", a
veces, el camino de Dios incluye tramos de sufrimiento que no debemos intentar
"cortar" con soluciones humanas apresuradas.
La respuesta de Jesús en Juan
18 nos invita a confiar en que Dios tiene el control cuando el mundo parece
estar en nuestra contra. Nos enseña que la verdadera victoria no se logra
evitando el sacrificio, sino abrazando la voluntad del Padre con dignidad y
amor.
Ante la traición de los
"Judas" de la vida, nuestra respuesta no debe ser la espada de Pedro,
sino la paz de quien sabe quién es en Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario